MAXIMILIAN La lealtad de un hombre se probaba en momentos como este, sin dudarlo se había abalanzado contra la lanza sin importar si esta le quitaba la vida o no, era por ello que ahora estaba en deuda. Aurelius llevo a sus labios una copa de vino sin diluir y después le coloco en sus labios una mordaza de tela, a la vez el medico quitaba la armadura y descubría la herida. —No parece haber tocado ningún órgano importante—Informó—Pero hay que sacar el objeto. Después de que el ataque de pánico de Gia fue calmado la mande a casa, no debía presenciar algo como esto estando sus nervios tan alterados, al principio se negó diciendo que esperaría las noticias de la salud de Aelius y regresaríamos juntos a casa, negué esa posibilidad de inmediato, había sido un día largo y debía descansar. —Su

