Capítulo 10

1016 Palabras
Jason —Pero Jason, me prometiste que irías conmigo —la eterna charla empalagosa de Lara por teléfono, casi imagino sus labios llenos de colágeno haciendo un puchero. No nos hemos visto en días, a decir verdad desde el día en el que ella está en esta casa, ¿a quién me refiero? Pues, a ELLA, a la que no quiero ni siquiera nombrar con el pensamiento por el dolor que esto causa. Y por las malditas erecciones que me ocasiona a cualquier hora del día, el solo hecho de imaginarla que camina, que respira por los mismos lugares por donde camino me pone a mil. Aprieto mis mandíbulas con fuerza para intentar alejar esos pensamientos pecaminosos y concentrarme aunque sea un poco en la charla que estoy teniendo con la que se supone, es o debería ser la mujer más importante en mi vida. —-Cariño, ya sabes que siempre estoy ocupado. Tú lo sabías cuando empezamos esto, no salgas ahora con tonterías —mujer molesta, aun tengo un lío en mi cabeza, tengo que solucionar esto. —Por esta vez te perdono, amor. Pero ya deja de tenerme tan abandonada —expresa con la voz de niña, aunque no le queda, no le sale natural. En estos días he empezado a notar con fuerza sus defectos en vez de valorar sus virtudes, aunque no son muchas más allá de los plásticos que tiene imbuidos en su cuerpo. Convoqué a mis abogados para analizar mi situación matrimonial. En teoría, aun estoy casado con esa mujer, aunque ella no lo sabe...o quizá si y solo simula que no lo sabe, aunque debo decir que es excelente actriz. Según ella le hicieron firmar un documento en el que se divorciaba de mí, pero yo jamás firmé nada. Ahora, con su desaparición, hace tres años, inicié juicio por su desaparición para declararla como tal y de esta manera el matrimonio quedaba anulado. Pero resulta ser que no estaba desaparecida, y no solo eso sino que está aquí, caminando por los mismos pisos donde yo camino, impregnando todo con su aura angelical, aun sin estar en su presencia sé exactamente donde ha estado. No soy un estúpido romántico, esa faceta que afloró en algún momento se perdió para siempre. Soy más práctico, la veo por las cámaras que tengo instaladas por toda la casa. Paso horas idiotizado mirándola por la pantalla que tengo en mi despacho. Sigo siendo el mismo maldito pervertido acosador que la observaba por horas mientras dormía. "¿Por qué lo hiciste, Danna?", grito en mi cabeza intentado encontrar una explicación a todo. "Podría haberte dado el mundo entero". repito una y otra vez pero ya esas palabras no tienen sentido, ya no más. La veo pasar por un pasillo con un plumero en la mano. Tocan el timbre. Ella se dirige hacia allí. Varios hombres con trajes están allí en el vestíbulo. Veo cuando se dirige a la puerta de mi despacho para buscarme. ¡Toc, toc! —Adelante —me hago el que estoy concentrado en unos papeles. Desde el día que llegó he intentado no estar cerca de ella, ni siquiera la he cruzado una vez. Le pedí a la señora Anderson que la tuviera a la puerta, quería ver como se desenvolvía con otras personas, quizá su trato ha cambiado o ha estado fingiendo siempre. No pienso perderle pisada, esta vez no va a tomarme desprevenido. —Ja...señor. Disculpe, lo buscan unos señores, dicen ser sus abogados —ella retuerce sus pequeñas manos entre sí, sus mejillas están arreboladas. Levanto la vista y me encuentro con sus ojos avellana mirándome atentamente, le respondo con una mirada fría y baja la suya. —Hazlos pasar —le corto cualquier idea de charla que ella hubiera tenido. —Si, señor —-hace un leve movimiento con la cabeza y sale. Recién puedo largar el aire que tenía contenido. No sé cuanto más podré soportar esta situación pero es necesario. Debo castigarla, debo hacerla sufrir, como ella hizo conmigo. Entran los tres hombres impecablemente vestidos y la mitad del tiempo que dura la charla estoy distraído pensando en ella. "Maldición, tengo que quitármela de la cabeza". —Bien, señores. Espero respuestas en la siguiente semana. Es el último plazo que les doy. —Claro, Jason. Nos dedicaremos exclusivamente a tu caso, todo el bufet está pendiente de esto. —Perfecto —digo extendiendo mi mano para saludar uno a uno. En ese momento Danna entra trayendo una bandeja pues pedí un trago para todos. Veo que al menos dos de ellos vuelven su mirada hacia ella, incluso yo no puedo dejar de mirarla, su cuerpo es diferente, podría decirse que está más redondeada, sus curvas resaltan más, sus pechos han crecido e incluso se aprecia más carne en sus caderas. Y maldito que no puedo soportarlo. —Uy, no nos habías dicho que tenias a esta belleza trabajando aquí —murmura Samuel para evitar que el resto escuche lo que dice. Le dirijo una risita sarcástica. Es que este tipo saca lo peor de mí. Me vuelvo hacia ella que no ha levantado la vista, eso me gusta. No quiero que le de esperanza a ninguno de los imbéciles que están aquí. —Danna, acércate —-le ordeno, a lo que ella queda tiesa. Nerviosa, obedece. —Señores, les presento a mi esposa Danna Connor —puedo sentir sus ojos clavados en mí, esperando una explicación. Ni siquiera la miro. Solo me quedo observando la expresión de esos tres. eso les enseñará a no meterse con lo que es mío. Casi puedo escuchar a mi demonio interior reírse sarcásticamente de mí, ¿lo que es mío? ¿es eso lo que acabo de pensar?. —Ya puedes retirarte, querida. —le digo y ella lo hace rápidamente. Se que ha quedado confundida, pues mejor, es lo que intento hacer. Confundirla hasta que enloquezca, como lo hizo ella conmigo. Con esto he matado dos pájaros de un tiro: alejo a estos buitres de ella y la dejo peor a ella, es lo que se merece.
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