Capítulo 9

900 Palabras
Danna El olor. Ese olor que me envuelve. Ha cambiado un poco, está allí pero se oculta bajo un perfume exquisito que parece ser muy caro. Pero está allí, presente cuando se me acerca. Mis fosas nasales responden abriéndose inconscientemente para poder aspirar mejor. Ahora quedará pegado en los vellos invisibles que recubren el interior de mi nariz y me perseguirá a todos lados. Me costó mucho desprenderme de él cuando se fue y me quedé sola. Incluso durmiendo aparecía como oleadas que me dejaban sin aliento haciendo que desee su cuerpo sobre el mío. "Dios, debo resistir", me animo a mí misma mientras intento detallar de una ojeada sus rasgos. Hay mucha furia en él mientras se dirige a mí, puedo observar minúsculas gotas de saliva que se escapan de su sensual boca. Pero no entiendo por que me acusa de hechos que no hice. Apenas puedo captar lo que me dice, ¿revolcarme con otro hombre? En mi vida se me hubiera ocurrido. ¿Robarle dinero? Ni siquiera sé como se puede hacer eso. Ni siquiera aceptaba el dinero que me daba cuando vivíamos juntos, compraba lo estrictamente necesario y le devolvía el resto. Ni siquiera sabía utilizar las dichosas tarjetas. Con él aprendí recién el valor del dinero ya que en mi comunidad nos basábamos en el trueque. El único que manejaba grandes cantidades de dinero era Weber y él ya no está. En cuanto giró y vi de quien se trataba, mi corazón brincó de alegría. Quise abrazarlo, quise correr y colgarme de su cuello pero en cuanto vi sus ojos, mi cuerpo quedó convertido en una estatua de sal. No estaban sus azules ojos que brillaban en cuanto me veían, aunque debo reconocer que así lo vi por primera vez, con esa expresión adusta, como si estuviera enojado. Al parecer, no había cambiado. Pero sus ojos eran otros cuando nos amamos. Y jamás se atrevió a ofenderme o a gritarme como lo hizo ahora. Tuve ganas de contarle de nuestro pequeño retoño, de mi Lucille que se parece tanto a él físicamente pero es tan dulce, solo reconozco algunos de sus gestos en ella cuando está enojada. Estuve tentada a decirle, pero algo me retuvo a hacerlo, al escuchar sus acusaciones, al ver el odio que me tiene, al ver lo diferente que está ahora. ¿Por qué vive en una casa así? ¿Por qué se viste de esa manera?¿Qué ha pasado con su uniforme, con la vida más sencilla que llevaba en ese departamento sencillo en el que vivimos cuando recién nos casamos? Son muchas preguntas que tengo para hacerle mas al parecer a él no le interesa hablar conmigo. Me duele su forma de tratarme, quiere lastimarme, quiere verme sufrir, no le importan mis lágrimas las cuales han empezado a salir sin poder pararlas, mientras él habla vienen a mí los momentos que vivimos, ¿tan poca memoria tiene? Me duele que los haya olvidado. Pero una vez más, debo luchar por lo que me importa. Por mi Lucille lo haré, y por mi hermano. A pesar de lo duro que sea conmigo, lo que me ofrece está muy por encima de lo que jamás imagine ganar. Eso y la promesa de no separarme de mi pequeña familia debe ser suficiente para mí. Así no vuelva a tenerlo nunca más, así solo deba verlo de lejos y tenga que resignarme a que se ha olvidado de mí y de lo que vivimos y me odie, debo resignarme a esta nueva realidad. "Te amo", resuena su voz en mis recuerdos. "Danna"...su voz en mi oído cuando nos recorríamos nuestros cuerpos.  Al salir, sigo sin contener mis lágrimas. Lloro por el amor imposible que siempre fue, lloro porque me siento de nuevo abandonada por él. Lloro porque sé que se va a casar con otra mujer y yo, simplemente seré un chiste para contar entre sus amigos ricos. Lloro porque sé que ya debo despedirme de él, del amor de mi vida. Otra vez... Al día siguiente me pongo a las órdenes de la tal señora Anderson, una mujer con un rictus amargo en el rostro, que no sonríe nunca. En verdad parece que Jason ha escogido a su personal de acuerdo a su personalidad, todos están en estricto silencio. Yo soy la única que no encaja aquí. Las demás empleadas solo cuchichean en los pasillos de la gran casa sin atreverse siquiera a elevar la voz, ¿tan seco es su jefe acaso que les impide siquiera hablar?. Los primeros días la señora Anderson me pide que atienda la puerta, debo estar atenta ante el llamado del timbre y luego consultar si el señor está en casa para atender. Jamás pero jamás debo afirmar si está o no, ya que a veces puede ser que no quiera atender a determinada persona por lo q siempre debo preguntar; ¿a quién debo anunciar? y pedirle amablemente que espere en la sala hasta que consulte con el jefe. El solo hecho de pensar que debo dirigirme a él para anunciar a alguien me hace dar escalofríos así que agradezco cuando pasan los días y nadie busca. Tampoco lo he visto a él y aunque me muero por verlo, también agradezco que se mantenga alejado de mí. Su odio aun me persigue y debo mantenerme lo más alejada posible para que no me alcance.
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