Capítulo 8

1313 Palabras
Jason Tengo que ser fuerte. No debo demostrar lo que ella causa en mí. Me desarma de todas las maneras posibles, tenerla así, tan cerca otra vez está haciendo que mi sangre burbujee de emoción. Hace tres años que no sentía nada por nadie. Por esta mujer sentía todo, el más inmenso amor y también el odio más grande que pudiera siquiera existir. Con su carita de mosca muerta, con sus ojos tristes que me miran intentando encontrar en mí el viejo Jason, aquel al que ella manipuló como quiso y esa vocecilla de mierda que no hace más que acariciarme el alma. "Maldita puta", repito para mí para alimentar ese monstruo que ha estado habitando dentro mío desde aquel día que recuerdo como si fuera ayer y que se repite una y otra vez. Flashback —Disculpe, señor. Llegó este sobre para usted. —Adelante, Amalia. Pase por favor —intento ser lo más amable que puedo con el personal. Sólo debo imaginarme que detrás de cada mucama o cocinara o lo que sea que haga hay una Nancy. Ella entró de esa manera en mi vida y ha sido muy importante desde entonces. Ella me extiende el sobre sonriente y hago lo mismo al recibirlo. Ninguno de los dos imaginaría en ese momento lo que ese sobre causaría en ambos. —Gracias, Amalia. Puede retirarse —le digo mientras me quedo pensando. Es la primera vez que llega correspondencia en mi nuevo domicilio. Salvo las facturas de gastos mensuales nadie más sabe que vivo aquí. Lo abro desconociendo que su contenido va a cambiar mi vida para siempre. El mundo entero, la vida misma se cayó encima mía haciendo que mis piernas temblaran, apoyé mi espalda en la pared más cercana y mi cuerpo empezó a deslizarse junto a mi alma la cual se quedó pegada en el piso y no me acompañó más. Mis dedos temblorosos sacaron las imágenes crueles, terribles que estaban guardadas y que me acompañarían en mis pesadillas. La veo, a ella, a la mujer de mi vida, a la que hice mía y por la que cambié mi vida desnuda, expuesta, con una expresión de placer en su rostro mientras se aprecia sobre ella la espalda de un hombre que claramente no soy yo. Por supuesto que no me quedaría con esa imagen pegada en mi pupila, obviamente era un truco montado por alguien que quería destruirme y sabía perfectamente por donde hacerlo porque esto, sin dudas, me desarmó completamente. Llevé a analizarlas en el laboratorio especializado que utilizamos para las misiones, si bien estaba con un pie afuera de la fuerza, tenía muchos contactos dentro que aun me debían un par de favores y accedieron a hacerlo. Llevó un par de días en los cuales me remordí internamente rogando que fueran falsas. No podía ser, era imposible. Antes de salir a buscar los resultados recibo una llamada desconocida. —Connor —respondo. Maldición, debo recordar que ya no soy policía, me cuesta aún alejarme del lenguaje que usamos. —Señor Connor, soy el gerente del banco Central. Lo llamo porque necesitamos que se apersone urgentemente por la sucursal —mi sorpresa es mayúscula. No entiendo que está pasando. Estoy tan sensible por las fotografías que todo me hace sospechar de todo. —Estaré allí en una media hora —espeto colgando y pensando en que no puede ser para nada bueno. Miré la hora. Tenía tiempo para hacer ambas cosas. Pasaría por el banco y luego a retirar los resultados. —Lamento decirle señor que su cuenta privada no cuenta con fondos suficientes para cubrir los gastos de mantenimiento de este mes —frunzo el ceño. —¿Cómo?¿Por qué? Yo no he tocado ese dinero —el hombre carraspea nervioso. —Lamentablemente, hemos constatado varias veces y en efecto, el dinero no está. Quería consultarle si usted autorizó a retirar esa cantidad de dinero —abro la boca para intentar tomar aire. Cada vez se está haciendo todo más pesado. —Yo no autoricé una mierda y exijo que me diga en este instante donde está mi dinero —la furia me invade. No he dormido bien en estos últimos días y siento que estoy por explotar. Mete la mano en un cajoncillo y saca una imagen. Otra más que llega para terminar de volverme escombros. —¿La conoce? —allí está, es algo borrosa pero sin dudas es ella. "Danna", grita mi mente al verla cargando un bolso grande en uno de sus hombros. —Si —le digo sin aclararle nada, este tipo no merece explicaciones por ser tan inepto en su trabajo. —Ella se llevó los fondos, señor. Tenía una autorización suya para hacerlo. Lamentablemente es la única imagen que tenemos, así que no pudimos rastrear su paradero. Por dentro tengo un torbellino que amenaza salir y destrozar todo el maldito lugar y al hombre canoso que continúa hablándome pero hace rato dejé de escuchar. Salgo destrozado y me dirijo hacia el laboratorio y estoy más que seguro de lo que me dirán. No hay que ser oficial de policía ni tener experiencia en investigaciones para saber que esa mujer me engañó como a un niño y yo, estúpidamente caí. Fin del flashback "Maldita puta", es todo lo que puedo pensar cuando recuerdo esos malditos momentos.  Me doy la vuelta para evitar que ella vea el temblor de mis labios que son atraídos como un imán por los suyos, meto las manos en los bolsillos de mi costoso traje para que ella no viera como tiemblan y se mueren por tocarla. —¿Por qué? —retumba la pregunta en medio del incómodo silencio instalado unos segundos antes, es la misma pregunta que me estuve haciendo todo este tiempo. Aprieto fuerte mis párpados buscando controlarme, no debo reaccionar ante ella. No respondo, ella ya no es nadie para mí como para que yo me digne siquiera hablarle. —¿Por qué estás haciendo esto? tu no eras así...—giro bruscamente y me acerco a ella colocando mis brazos en el escritorio mientras intenta retroceder en la silla en donde está sentada. —Bien lo dijiste...ERA, tiempo pasado. ¿Y tienes el descaro de preguntar? —chillo encima de su cara. La veo asustada, eso me gusta, estoy logrando lo que quiero. —P-p-pero...yo no te hice nada...tú te fuiste a África y yo...yo no tenía adonde ir...yo...—balbucea, aun tiene la valentía de enfrentarme. —Claro, como según tú no tenias adonde ir te llevaste mi dinero. ¿Quién te obligó a hacerlo? ¿Tu amante? ¿Aquel con el que te revolcabas mientras yo arriesgaba mi vida por tí? —veo como bajan lágrimas de sus ojos. "No me importa", me doy alientos pero me está destrozando más de lo que ya estoy. —Y-yo...no tengo idea de lo que hablas. Yo jamás...—excusas, excusas, malditas excusas que intenta dar para salvar su pellejo. Pero no permitiré que me envuelva una vez más. —No estás aquí para hablar, no quiero escuchar una sola palabra de tu boca. Vas a trabajar para mí para devolverme hasta el último centavo que me robaste —sin contar con todo lo que te llevaste que no tiene nada que ver con el dinero, pienso sin expresarlo en voz alta. —Y-yo...no creo que esté bien. Es mejor que vuelva a la aldea...fue un error venir aquí, no sabía que tú estabas en esta ciudad. Voy a desaparecer y no me verás jamás. Por favor, déjame ir...—suplica poniendo sus malditos ojos de carnero degollado. —A ver, no sé si te has vuelto estúpida en estos tres años o te haces para zafar de esto. ¿Qué parte de "me perteneces" durante seis meses no entendiste? —resoplo, ya me estoy cabreando con esta mujer.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR