Me quedé paralizada al ver a Lucas de pie justo delante de mí, su figura emergiendo de la oscuridad como un espectro. La adrenalina que corría por mis venas se intensificó, mezclándose con una sensación de sorpresa y temor. —Alejandra —dijo Lucas, su tono afilado como un cuchillo—. No esperaba encontrarme contigo aquí. El aire se volvió denso entre nosotros. Después de todo lo que había pasado, lo último que quería era cruzarme con él. Lucas siempre había tenido una obsesión poco saludable con el dinero que había ganado en el trato que habíamos estado negociando. —¿Qué haces aquí, Lucas? —pregunté, intentando mantener la voz firme a pesar del miedo que me invadía. Él sonrió, pero no era una sonrisa amistosa. Era una sonrisa con un matiz de malicia, y eso me llenó de inquietud. —He

