18. Reencuentro.

1323 Palabras
Andrew. ¿Acaso mis días duran más o por que los siento eternos? Mi día a día es más o menos esto. Despierto, me ducho, desayuno, me pesan, hago ejercicio, me hacen pruebas físicas y/o de resistencia, como, me vuelvo a duchar, me hacen pruebas de sangre o mentales, ceno y a dormir. Y en todo este mes no había tenido contacto con nadie, ¡ABSOLUTAMENTE NADIE! Ni siquiera los soldados de la base o los que resguardan el lugar, nadie podía acercarse a mí, hablarme o dirigirme la mirada, era básicamente un secreto que todos conocían pero del que nadie podía hablar. Estuve a nada de volverme loco sino fuera por la capitana, pasamos mucho tiempo juntos y nos empezamos a conocer mejor. Ahora sé que su nombre es Andrea y que es de descendencia Mexicana, también sé que su abuelo peleó en la segunda guerra y ella está orgullosa de seguir sus pasos. La capitana Montgomery era bastante agradable una vez que la conoces y además teníamos muchas cosas en común. Un día por fin me confesó porqué estaba tan molesta de quedarse. —Es por mi hermano menor Austin, está en combate y yo iba a ir con él en la misma misión. Siempre nos mantenemos juntos— cuando hablaba de él su rostro cambiaba, se volvía más suave —es la única familia que me queda, debo cuidarlo— a ella no le quedaba nadie más por lo poco que me había dicho, se volvía reservada al hablar de su familia. Entonces decidí esforzarme el doble para salir de aquí lo más pronto posible, pero mi salud no era lo más importante, sino todo lo que hizo el padre de Sara y en cómo me dió por muerto, eso sí que iba a ser un gran problema ya que el ejército nunca se equivoca. O al menos, no públicamente. Hoy tenía una prueba física diferente, todo iba bastante bien, estaba corriendo en la caminadora cuando llegó el cabo Jones. —Soldado Thompson, se le solicita de inmediato en la enfermería— me avisó. Tomé la toalla que estaba a mi lado, limpié mi rostro y me dirigí hacía allá. En cuanto entré pude ver a mis padres y a Brooke en el centro de la habitación. Mi madre se lanzó enseguida contra mí en cuanto me vió y solo entonces me volví a sentir seguro. Dicen que no hay lugar en el mundo más seguro que en los brazos de nuestra madre. Después papá se unió al abrazo e invitó a Brooke a unirse a nosotros, eso sin duda ha sido lo más hermoso que mis ojos habían visto. Estuvimos así unos minutos hasta que mi padre tomó a mi madre un momento lejos para que yo pudiera abrazar con plenitud a Brooke. —Al fin estoy completo— susurré contra su oído y Brooke lloró aún más fuerte al igual que mamá. Hubo muchas lágrimas, abrazos, besos, sobre todo besos de mi padre. Increíble. Pasó el tiempo demasiado rápido, estábamos tan encerrados en nuestra burbuja de felicidad que no notamos como alguien entraba, hasta que se aclaró la garganta a nuestras espaldas. —Lamento interrumpir su reencuentro, pero debo encargarme de mi paciente— dijo la capitana muy sonriente. —Volveremos pronto cariño— me aseguró mi madre mientras acariciaba mi rostro con ternura como cuando era pequeño. Como había extrañado a mi madre, en este tiempo se le habían formado algunas arrugas alrededor de sus preciosos ojos pero nada de eso le quitaba ni un poco de su belleza. Mi padre, me volvió a abrazar pero esta vez no dijo nada. Ya no se parecía a aquel hombre inflexible que solía regañarme tanto, ahora lucia muy diferente a la última vez que nos vimos, tenía algunas canas nuevas y mostraba una sonrisa que en el pasado no aprecié lo suficiente. Durante el corto tiempo que pasamos tuve que morder mi lengua un par de veces para lograr evitar besar a Brooke en ese momento, porque si quería que la dejarán entrar de nuevo tenía que fingir que era mi familiar. Pero me negaba a soltarla, tanto había deseado estar así con ella que unos simples minutos no me eran suficientes. Mis padres pudieron notar eso y empezaron a distraer a la capitana para darme un último momento con Brooke. —Te amo cookie— susurré solamente para nosotros dos. Pero ella no me respondió lo mismo. —¿Por qué no volviste antes?— me cuestionaba entre lágrimas. Brooke se aferraba a mí con fuerza y yo me sentía tan impotente por no poder consolarla mejor —¿por qué me hiciste esperar tanto tiempo?— me mataba verla sufrir así. Y es que no podía darle una buena respuesta. —No soy la misma Brooke de antes— su voz albergaba una gran tristeza —en estos años ha pasado tanto, he cambiado Andrew— yo era responsable de eso. —Está bien, porque yo tampoco soy el mismo Andrew— no me importaban que tan altas hubieran cambiado sus expectativas, yo iba a cumplirlas —siempre podremos volver a enamorarnos— intenté darle una sonrisa pero no lo logré y ella lo notó enseguida. Brooke me abrazó lo más fuerte que pudo, y aunque aún me dolía lo permití. Estaba bien sentir un poco de dolor si la recompensa es tener al amor de mi vida entre mis brazos. Me despedí de todos con un beso en la mejilla y muchos más abrazos. Contaba los días para volver a verlos. Quedamos en que en la próxima visita vendrían de manera individual. —Tienes una gran familia soldado, se ve que te quieren mucho— dijo la capitana en cuanto se fueron. —Yo los amo aún más— ella intentó mantener la sonrisa oculta pero era muy obvia. —Eres tan ... diferente— dijo mientras tomaba asiento en su escritorio. Yo me senté frente a ella. —¿Acaso eso fue un cumplido?— pregunté curioso. —Podría decirse— ahora sonreía plenamente —La verdad es que no conozco muchos hombres que sean tan expresivos con sus sentimientos, mucho menos soldados—. —Mi mamá decía que guardar nuestros sentimientos nos hace daño. Todo lo bueno que soy se lo debo a ella— dije orgulloso. . Andrea. Todo en Andrew me gustaba, con el paso de los días más me daba cuenta y más podía sentirlo. ¿Será que él lo a notado? Esperaba que si, y que fuera recíproco el sentimiento. Pero por primera vez en mi vida no sabía qué hacer, sin embargo al menos lo iba a intentar. —Según dicen, eres atractivo, y por lo que sé, valiente, deben haber muchas chicas detrás de ti— dije cambiando la conversación totalmente. Él estaba más sonriente —Todo es verdad— cínico —y si deben haber algunas, no tantas y tal vez unos pocos chicos pero no quiero presumir— él totalmente presumía —pero yo solo tengo ojos para una persona— lo dijo mientras me miraba fijamente, sus palabras eran tan seguras que le creí y deseaba que dijera que esa persona era yo. —Y … ¿estás con ella?— intenté preguntar de forma casual. —Aún no, pero lo estaré— sonaba bastante convencido. —¿Por qué no estás con ella? ¿Tienes algún fetiche raro?—. —Si, me gusta oler pies— reímos bastante fuerte ambos —no, no es eso, creo que ella aún no está lista— él definitivamente hablaba de mi. —Debe ser especial— dije con esperanza. —Es más que especial, ella lo es todo— sus ojos tenían un brillo que nunca había visto antes y entonces me pareció lo más hermoso del mundo. . “Vivir su presente no te hace conocer a una persona, saber su pasado, si.”
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