Andrew.
Hoy por fin era el tan esperado día.
Estaba a punto de salir oficialmente de la base, sin embargo había un par de cosas que debían arreglarse primero.
Como mis citas con la terapeuta y principalmente lo sucedido con el padre de Sara.
Eso era lo que en realidad me retenía aquí.
A decir verdad, él nunca fue un hombre realmente honorable, esa era solo su apariencia.
Desde hace años solía frecuentar a mi padre, se conocieron porque fueron compañeros de escuadrón, así que tengo años conociendo a Sara, pero al principio no éramos tan amigos como ahora, primero me tuve que ganar su confianza, solo entonces me habló sobre cómo su padre tenía el lema de, “era una ganadora o una perdedora, todo o nada”. Él no asistía a sus competencias de natación por no querer quedar en vergüenza si ella no obtenía el primer lugar, porque “el segundo lugar es el primero de los perdedores” como en aquella ocasión que no asistió a su graduación porque no había sido la primera de su clase y él no quería pasar tal humillación.
Fue un m*****o por preferir decir que estaba muerto a buscarme, a decir que su hija se había equivocado y manchar su perfecto historial en el ejército, incluso prefirió morir antes que aceptar su error.
Eso jamás lo iba a perdonar pues llevaba cicatrices por todo mi cuerpo como consecuencia de sus terribles decisiones, pero con Sara era todo muy diferente, aunque aún no había tenido oportunidad de verla.
Hoy se firmaría un acuerdo, uno intentando compensar todo, era principalmente económico porque creen que el dinero arreglaría todo lo que me había pasado, pero para mí eso era lo de menos, lo único que me importaba era que eso sería mi pase de salida de aquí, todo es muy complicado aunque el juicio e investigaciones fueron rápidas pues ya no tenían a quien culpar, aún así, Sara tendría que venir porque por desgracia representaba a su padre. En cuanto lo supe pedí unos minutos a solas con ella antes de reunirnos con los generales y abogados.
Estaba solo en una sala con una mesa y dos sillas esperando, movía los dedos impaciente, cuando la ví cruzar la puerta y pude notar lo mucho que había cambiado, estaba más delgada de lo que recordaba y algo parecía hacerle falta, ese algo que era tan característico de ella, ahora se veía apagada y ni siquiera me miraba.
Tomó asiento frente a mi sin decir ni una sola palabra y con la mirada baja, podía ver lo nerviosa que estaba por el movimiento de sus manos.
Le di unos minutos esperando ver si se tranquilizaba, al ver que seguía igual decidí romper el silencio.
—Sabes que no te culpó de nada ¿verdad Sara?— dije directamente.
Ella empezó a reír sin mucha gracia —Exactamente, ¿de qué estamos hablando Andrew?— cuando por fin me miró pude ver la culpa en sus ojos —¿De qué casi te matan por mi culpa?, ¿de qué te torturaron todo este tiempo por mis errores? o ¿de qué mi padre prefirió decir que habías muerto a buscarte y admitir que su estúpida hija se había equivocado?— tenía los ojos rojos y lloraba de forma furiosa.
Empecé a reír mientras ella me miraba desconcertada y algo molesta.
Me levanté de mi asiento, moví su silla y me puse de rodillas frente a ella.
—Eres mayor que yo— fue lo primero que dije mientras la tomaba de las manos intentando calmarla —pero siempre tuve ese sentimiento de querer protegerte desde que te conocí. Fue algo inevitable— levanté mis hombros como si eso fuera obvio —Te veía como una hermana pequeña, la hermana que nunca tuve. Por eso arriesgue mi vida por ti, y sabes, lo volvería a hacer, las veces que sean necesarias— me acerqué despacio a ella y la abracé tan fuerte como pude.
Sara llevaba un gran peso sobre sus hombros. Uno que no le correspondía.
—No merecías al padre que tuviste, vi por años lo mucho que te esforzaste por querer cumplir con sus irreales expectativas, y él no lo vale, no sufras más por una persona así— me separé un poco para verla directo a los ojos —te perdono Sara, desde el fondo de mi corazón te perdono— sabía que necesitaba escuchar esas palabras —tú no tienes la culpa— ella me abrazó aún más fuerte y dejé que se desahogara.
Después, juntos firmamos los papeles. Estaba listo para salir de ahí.
Íbamos caminando a la salida cuando volvió a hablar.
—Perdón también por haberme metido entre Brooke y tú— admitió con algo de vergüenza.
La empujé despacio con mi cuerpo de modo juguetón —Es que soy irresistible, entiendo que no te pudiste controlar ante semejante sabrosura— según yo hice un movimiento sensual, según Sara parecía un insecto muriendo por envenenamiento, pero ella que iba a saber.
Cuando reímos todo se sintió más ligero.
—¿Cuál es el plan ahora Andrew?— preguntó al subirnos a su camioneta.
Ella me daría alojó por ahora. Si iba con mis padres estaría muy lejos de Brooke.
No tenía que pensar mucho sobre qué era lo siguiente.
—Recuperar a Brooke— dije decidido.
Ella sonrió contenta con mi respuesta.
Estaba abrochando mi cinturón de seguridad cuando ví a lo lejos a la capitana corriendo hacia nosotros.
Bajé el vidrio para poder hablar con ella cuando estuvo lo suficiente cerca.
—¿Se iba a ir sin despedirse soldado?— me preguntó con una sonrisa.
—Me dijeron que estaba hablando con su hermano y no quise interrumpir—.
—No me hubiera importado si el que me interrumpe eres tú— me dijo sin formalidad ... esperen, ¿ella estaba coqueteando conmigo?
Sara se aclaró la garganta haciéndose notar.
—Capitana, le quiero presentar a mi hermana Sara— Andrea se veía algo confundida por mis palabras.
En cambio Sara mostraba la sonrisa más sincera que le había visto.
—Sara, ella es la capitana Montgomery, es la persona a la que le debo mi recuperación—.
Sara estiró su mano y la capitana la estrechó.
—Un gusto— dijeron ambas.
Se miraron un momento antes de que Andrea volviera a hablar.
—Bien, entonces te veré la próxima semana, mientras tanto cuídate mucho Andy— fue lo último que dijo mientras se despedía con la mano.
Durante todo el camino parecía que Sara quería decir algo pero se estaba aguantando.
—Escúpelo— dije para acabar ya con eso y ella empezó a reír.
—Diablos, ¿te llamó Andy? Creí que solo Brooke te llamaba así— yo levanté mis hombros como si no fuera nada —sabes que está coqueteando contigo, ¿cierto?— yo desvíe la mirada avergonzado —no, espera— Sara reía cada vez más fuerte —te acabas de dar cuenta, ¡no lo puedo creer!—.
Yo no dije nada porque todo era verdad.
—¿Acaso Brooke tiene competencia?— preguntó curiosa.
—Nunca— le aseguré.
Andrea era increíble pero Brooke, Dios, ella lo era todo.