Volker Maldije a mí yo interior, así es, cada vez que me cruzaba con ella o que simplemente me azotase con su indiferencia, sentía como el interior me mandaba mensajes y más mensajes, a la mañana siguiente fe su llegada, salió de la habitación donde se quedó con Leyna, durmieron juntas y ella al parecer despertó temprano. Con la taza humeante de café recién hecho, me acerco a ella que miraba por la ventana del salón mientras sus largas piernas decoradas en un short corto me estrujo el estómago. —¡Buenos días! — le ofrecí la taza. —Buenos días— aceptó el café sin mirarme. ¿Me estaba castigando con su indiferencia o es mi imaginación que estaba mal? —No entiendo tu enfado conmigo. —Y yo no entiendo cómo puedes dejar que tu hermana se reúna con ese duque. ¿Acaso lo conoces? —Lo conozco.

