El día empieza con una inercia distinta, aunque desde afuera no lo parezca. Llego a la empresa temprano, antes de que el edificio termine de desperezarse del todo. El lobby aún huele a limpieza reciente y a café recién hecho, una combinación que siempre me resultó tranquilizadora. Camino con paso firme, saludando lo justo, dejando que la rutina haga su trabajo: recordarme quién soy cuando todo funciona como debe. La mañana avanza con reuniones encadenadas, pero no repetidas. Un nuevo acuerdo con un proveedor europeo exige atención absoluta. No es una fusión menor, sino una expansión estratégica: piezas clave para el nuevo modelo que estamos desarrollando, un vehículo que no solo busca competir, sino redefinir el segmento. Escucho, corto, corrijo, ajusto términos. No levanto la voz. No ha

