El beso no se rompe de inmediato. Al contrario: se profundiza, se vuelve más urgente, más real. Dasha responde sin reservas durante un segundo eterno, como si todo lo que ha contenido hasta ahora se derramara sin control. Su boca se mueve con la mía, no como una rendición, sino como una elección consciente. Su mano se aferra a mi saco, me aprieta, me reclama. Su respiración se quiebra contra la mía y siento cómo su cuerpo se acerca sin miedo, sin cálculo. El mundo desaparece. No hay restaurante, ni calle, ni luces. Solo su calor, su pulso acelerado, la certeza de que esto no es un error aislado sino algo que llevaba tiempo empujando desde abajo. La rodeo con los brazos, la atraigo sin suavidad, sintiendo cómo se adapta a mí, cómo su pecho sube y baja con rapidez. Mi boca desciende apen

