En cuanto abrí, Scar se lanzó a mis brazos y enrolló sus piernas en mi cintura dándome un profundo beso que nos hizo reír. —Me encanta este saludo. —Y a mí que me invitaras —con su pie cerró la puerta y la acorralé contra esta apoderándome de su cuello. —Creí que me ofrecerías algo de tomar. —Tengo muchas ideas para quitarte la sed. —Me encantará escucharlas, pero primero necesito el baño, hoy el frío está pegando más fuerte. —¿De verdad? A mí me parece excelente. —¡Eso es porque tienes la sangre tan fría como las serpientes, yo no! —reclamó entre risas. —Bien, ve, pero en cuanto salgas te devoraré de pies a cabeza. —No lo dudes, a fin de cuentas debo dejar mi huella en esta casa —volvimos a besarnos apasionados en lo que sus pies tocaban el suelo y al separarnos le di una fuerte n

