Todo ese día estuvimos juntos por fuera jugando en la nieve, comiendo lo que él quería y riendo hasta que nos dolió el estómago por cada tontería que hacíamos, pero fuimos felices, fuimos solo los dos en mitad del invierno olvidándonos de las voces, las pesadillas, el dolor, su diagnóstico, mi demencia, éramos padre e hijo sin pasado, presente o futuro. Ya en la noche cenamos con los demás en casa y al finalizar, él no tardó en tomar mi mano llevándome a rastras hasta la habitación, diciéndole a los demás que no nos molestaran porque haríamos un secreto el cual no reveló a nadie por mucho que insistieron. No obstante, el secreto fue que ese niño, sin pudor alguno, se desnudó frente a mí ordenándome hacer lo mismo para irnos a bañar y yo como un idiota seguí la orden de un crío de cinco añ

