Para muchos expertos comer demasiada azúcar tiene como consecuencia la obesidad o en el peor de los casos, el padecimiento de por vida de la diabetes; sin embargo, para Marcos Arteaga, estudiante de Odontología, las consecuencias iban mucho más allá. Para él, el exceso de azúcar arruinaría una perfecta dentadura, y aunque también para mantener en buenas condiciones su salud no podía ingerir más azúcar de lo debido, ese lunes tenía que hacer una excepción.
A penas comenzando a cursar el segundo año de la carrera de sus sueños, pensó en los sacrificios que lo habían llevado hasta allí; largas horas de sueños perdidas, su bienestar mental al tener que dividir las horas entre la casa con su madre, asistir a clases, ir a trabajar, llegar agotado y hacer las tareas, era de las tantas cosas.
Ansioso soltó un largo suspiro al oler diferentes tipos de perfumes y olores entre la multitud que paseaba, corría y chismeaba por los pasillos de la universidad.
Su vida no era fácil, pero a comparación de otros chavos tenía mucho que agradecerle a la vida, pero especialmente a su madre, quién después de la muerte de su padre hizo lo posible para sacar a su hijo adelante. Marcos no lo sabía en ese momento, pero su madre estaba tan orgullosa de él que en su trabajo solo hablaba del buen chico que era.
Faltaba mucho camino por recorrer en ese momento para culminar con sus estudios, pero bastarían poco menos de media hora para que uniera otro “drama” a su vida, precisamente el día de su cumpleaños número 20.
Extrañado de que el pasillo frente al salón de pruebas estuviera vacío, verificó la hora en su reloj percatándose de que había llegado más temprano de lo usual. Tal vez había sido la emoción de su cumpleaños, pues sabía que al finalizar la jornada escolar en su trabajo sus compañeros le darían una gran torta de chocolate, pero también podía deberse al ser el primer día de clases después de dos meses imparables de trabajo.
—Estas son las mañanitas que cantaba el rey David a los chavos bonitos te las cantamos a tiiiii; espabila, Marcos espabila, mira que ya amaneció, ya los pajaritos cantan la luna ya se metióóóó —El canto por parte de sus mejores amigas, Bianca y Roxana, lograron que el chico soltara una carcajada gustoso por la sorpresa.
Un hermoso y seguramente exquisito Brownie de chocolate con nueces se encontraba frente a sus narices. Cuando inhaló el hipnotizaste olor a chocolate olvidó que probablemente comerlo le causaría un mareo después por no poderse resistir tampoco a la torta que al medio día le esperaba, y peor aún: tenía tan mala suerte, que si lo comía tal vez sería el sujeto de prueba en las famosas practicas de la Profesora de Cariología, y entonces ella vería rastros de chocolate en sus dientes. Sin embargo, ignorando sus pensamientos negativos abrazó a sus amigas y prosiguió a deleitarse con la textura delicada y esponjosa que le regalaba tan exquisito postre.
—Entonces Marcos, oficialmente comienza la pachanga Marzual —Intervino su mejor amiga antes de que él terminara de completar las palabras que describieran el sabor en sus papilas gustativas —¡Marcos habla, wey!
—Aquí estoy, aquí estoy, solo estaba perdido en las curvas delicadas y exquisitas de esta maravilla ¿en dónde lo compraron?
—En la pastelería de tu competencia —Respondió su otra amiga.
Bianca rodó los ojos en cuanto Roxana terminó de hablar —No quería salir con ella pero insistió tanto que tuve que seguirle la corriente, sabes cómo es. Yo pensaba en algo así como otra bata súper cool para que empezaras el nuevo año estudiantil con estreno, pero no me dio tiempo.
—Acabas de arruinar tu propia sorpresa —Mencionó Roxana.
El chico en medio de ambas seguía comiendo su postre.
—Cállate, enana —Le chitó Bianca a la contraria.
—¿Pero para qué das tantos rodeos? Dale la bata y ya.
—¡¿Me compraste una bata?! —Casi saltó Marcos por la emoción.
Las chicas siguieron peleando y Marcos solo se concentró en terminar su postre mientras pensaba en la estúpida razón por la cual sus dos mejores amigas no se soportaban.
Principalmente era porque temían que alguna ocupara más espacio tanto en la mente como el corazón del chico, y uniéndose a eso, en aquél pasado cumpleaños de Bianca, Roxana le había regalado un retrato sobre la cumpleañera misma chupándose los dedos por embadurnarse de mantequilla de maní; aquél retrato había causado un boom en las r************* , pues, Bianca siempre estaba sin querer, en el ojo del huracán.
La vida de Bianca Colmenares según la revista Nova, era de las más prometedoras a nivel social; siendo la hija del mejor cirujano plástico de la Ciudad de México y de una de las diseñadoras de interiores más famosas de la misma ciudad, la prensa amarilla siempre estaba alerta sobre cualquier chisme que pudiera hacerla brillar como la estrella de Belén u oscurecerse como la noche en su punto más bajo.
Al contrario de sus amigos, su vida estaba destinada desde muy pequeña. Siempre soñó con que seguiría los pasos de su padre en el mundo de la medicina, por eso se encontraba en la misma universidad que su amigo, pues comenzaría a cursar el segundo año en Medicina para luego especializarse en la Cirugía Plástica. Y no era que Bianca, aquella niña de papá y mamá no tuviera otros sueños, pero intentaba regalar su juventud a lo que realmente le daría frutos para quizás en el futuro dedicarse a los proyectos secundarios.
Algunas veces Bianca se sentía demasiado expuesta, como aquél día en el cumpleaños de su mejor amigo al comprar junto a la “ilusa” de Roxana aquél postre, pues aunque no era para ella, cuando llegaron a la pastelería y ordenaron, escuchó a alguna persona percatarse de su presencia y posteriormente soltar una mala idea sobre ella. No lo quería pensar mucho, pero se sentía cabizbaja por ello, al contario de Roxana quién también había escuchado otros comentarios.
Roxana De Abreu era la chica que rompía con los prototipos de crianza dentro de su gran familia; sus padres le habían criado al contrario de sus primos, siempre con la idea de que podía hacer lo que ella quisiera hacer siempre y cuando eso no interviniera con su pureza humana. La habían criado, como los dos padres modernos y jóvenes que eran, sin etiquetas y con una mente muy abierta. Por lo general, Roxana era una chica muy alegre, soñadora y constante, pero esto mismo era lo que hacía que algunas personas no quisieran estar cerca de ella, por su desbordante energía que consideraban falsa.
La menor de los amigos se sentía agradecida con Marcos por haber sido el primero en dirigirle la palabra cuando ingresó a mitad del ciclo en la secundaria; había pasado bastante tiempo para que la mejor amiga de Marcos la tratase como era debido, puesto que los primeros meses a penas la saludaba y miraba por el rabillo del ojo.
Roxana tenía la magia de interpretar las auras de sus amigos, ese día, Marcos brillaba, mientras que Bianca aparentaba una vez más sentirse bien.
Todos tenían el sentido del oído lo suficientemente sano como para escuchar los susurros y chismes que circulaban en la universidad por ser el trío de amigos más extraño de la universidad. Aunque a Marcos y a Bianca los alejaba una gran diferencia de estatus social, podían llevarse como dos niños inocentes sin los prototipos de la sociedad, mientras que por otro lado Roxana se unía a ellos siendo una libre estudiante de Diseño Gráfico que empezaría su segundo año en la fase de Artes de la universidad.
—Se me hace rarísimo que no hayan llegado los demás, wey —Expresó el chico observando que nadie subía las escaleras y el salón claramente seguía vacío.
—¿No sabían? —Arrugó el entrecejo Roxana. Sus amigos negaron con la cabeza —¡Y yo estoy en otra escuela! ¡Niños! ¿En dónde viven ustedes? Tierra llamando a estos pendejos... ¡Hoy es la conferencia!
—¿Cuál conferencia? —Cuestionaron al unísono los demás.
—Esperen... ¿no sabían que su querido director de escuela fundará otra de sus famosas fundaciones?
Bianca se dio una palmada en la frente —¡Lo olvidé por completo! ¡Chicos! ¡Tengo que irme!
La última en hablar bajó las escaleras con prisa. Los dos amigos restantes se miraron alzando los hombros y corrieron detrás de ella, pero un tras pie hizo que uno de ellos pelara un escalón y rodara al menos cuatro más.
—¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! —Chillaba Marcos adolorido viendo la bandeja con parte del postre en el suelo esparcido —¡Ay, el Brownie ¡El brownie! ¡El browniiiie! —Lloriqueó con drama haciendo que su amiga riera perdiendo las fuerzas para ayudar a levantarlo.
—Levántate pendejo ¡Vamos! —Roxana reía —¡Muévete!
El chico triste por la pérdida de su postre se paró mientras se sobaba la espalda y parte de las nachas siguiendo con más cuidado a su amiga. En ese momento recordó que en cada cumpleaños suyo ocurría un acontecimiento que atentaba contra su vida.
Eso le hacía pensar que alguien muy malo tenía alguna especie de muñeco con su foto que lo llenaba de agujas cuando se le antojaba, pues él y su madre creían en esas cosas; pero si lo pensaba bien ¿Qué ser humano gastaría tiempo para querer verlo sufrir un día como ese? ¡Exacto! Nadie. Estaba alucinando mucho, tal vez era el chocolate y el azúcar que comenzaban a hacer efectos.
—¡Chicos! —Gabriela, aquella compañera de Marcos llegó hasta ellos, y sin permiso quitó los lentes del chico y los limpió con un pañito de ceda que en sus manos yacía —Así me ves mejor —Le sonrió.
Marcos forzó una sonrisa; esa chica lo seguía desde el primer día de clases, pero el por alguna razón no sentía que debía corresponderle.
—Oye, Gabi ¿está Bianca allí dentro? —Cuestionó la más baja.
—¡Sí! De hecho, acaba de entrar ¿les interesa la conferencia?
—Sí.
—Nope —Expresó Roxana —Pero queremos ver qué hace Bianca allí así que peeeermiso —Apartó a la chica casi empujándola y tomó de la mano a su amigo adentrándolo también al auditorio.
—Ay, gracias, le tengo miedo a esa chica —Expresó Marcos recordando el San Valentín que le había llenado de besos la cara.
—Esa Gabi es como fastidiosa, te persigue a todas partes wey... ¡oh! ¡Mírala! ¡Allí está!
Bianca se encontraba sentada en la primera fila del lugar, pero no podían sentarse junto a ella, pues parecía que los puestos estaban reservados. Algunos segundos después, resignados a que solo podían sentarse casi al final de las filas, una ola de aplausos retumbó en el auditorio.
El Director de la Escuela de Medicina, Sandro Chacón, se acercó al centro de la tarima y por medio de un micrófono comenzó a hablar.
—Sean bienvenidos, directores, coordinadores, profesores, estudiantes y visitantes a esta, nuestra quinta conferencia de UTPS —Sonrió ampliamente —Antes de comenzar con el anuncio que quiero darles quisiera agradecerle al Doctor Luis Colmenares...
Una ráfaga de aplausos y silbidos sonaron.
—No sabía que el papá de Bianca estaba metido en esto —Expresó Marcos.
—Esa gente es un misterio wey...
—Al igual que al Doctor León... —Prosiguió el Director.
El corazón de Bianca comenzó a bombear mucha más sangre de lo normal.
Roxana silbó pícaramente tras ver a lo lejos al guapo hombre recién nombrado.
—¡Está buenísimo!
—...Y a la Profesora Sonia Chacón, por ser mi mano derecha en esta aventura...
Marcos iba a hacer un comentario pero sus palabras se quedaron atrapadas en su garganta cuando visualizó a la hermosa mujer que sonreía a todos mientras que con su mano saludaba.
Dos de los amigos habían quedado flechados tras aquella conferencia, solo faltaba una.