—Vaya... —Marcos saboreó el chocolate de aquél Brownie y soltó un suspiro —Es uno de los mejores, Dios... me muero —Dramatizó sin darse cuenta que Sonia se había pasado la lengua por los labios quién sabe por qué.
—Esto también ¿quieres probar? —La mujer rápidamente tomó un pedazo de quesillo de su plato con una cucharilla para acercarlo a la boca de Marcos.
Ambos se vieron por un instante a los ojos antes de enfocarse en algo más. Marcos miraba la mano de la mujer tan cerca que podría tocarla. Sonia miraba el sonrojo y algo arriba del mentón del chico.
Cliché, ¡salud! Sonia quitó un poco de chocolate en la comisura de los labios del chico justo cuando este abrió la boca para dejar entrar la cucharilla.
Aquellos dedos habían estado por entrar a su boca. Él pudiendo saborear al menos eso de ella... Cerró los ojos controlando sus ganas de tenerla más cerca.
Ambos corazones se asustaron.
—Está bueno —Opinó Marcos al recibir el quesillo y probarlo.
¿Estaba siendo muy optimista o de verdad había una cosa rara entre ellos? Por cierto, recordó Marcos: Esa cosa rara de su jefe lo iba a matar. Eran casi las diez de la mañana. Y no se habían ido en charla, realmente el Brownie era el tercer postre que se comía, y ella también. No habían hablado mucho. Ambos estaban nerviosos.
Marcos se sentía apenado ¡Dios mío, no llevaba suficiente lana! Eso le pasaba por glotón. Bueno, Marcos no era glotón: la verdad era que Sonia lo hacía poner nervioso y la única manera de dejar salir sus sentimientos frente a ella, sin verse raro, era suspirando y saboreando la textura de aquellos postres.
Tal parece que a Sonia le pasaba igual.
—¿A qué...? —La mujer iba hablar pero una chica tal vez conocida captó la atención de un Marcos que enseguida se mostró nervioso.
Sonia se preguntaba ¿por qué? ¿Por qué los nervios? ¿Y por qué ella se estaba preguntando tonterías?
—Ay, Marquitos ¡Mira qué lindo te ves sonrojado! A que te gusta verme por aquí... Ay... la neta no la vi, profe, discúlpeme.
La mujer la recordaba: Gabriela Lázaro. Iba a la misma universidad y carrera que el chico que se había quedado mudo con su presencia. Algo dentro suyo se revolvió, pues recordaba haberlos visto hablando el día anterior en algún lugar de la universidad. Ella se había dado cuenta que la chica tenía interés por él. Y no era que la mujer estuviera pendiente, no... era que siempre se la pasaba por allí, quizás era por eso.
Sonia no tenía ninguna amistad dentro de la universidad, solo tal vez en la UTPS. Y bueno... Marcos, pero Marcos era diferente.
—No te preocupes, Gabriela ¿no? —La chica asintió pero sin dejar de ver al chico de lentes —Qué bárbaro... —Susurró rodando los ojos.
—¿Ah? —Marcos espabiló, pues su compañera había estado queriendo decirle algo con señas y muecas que no entendía —Lo siento, profe, pero tengo que irme, es demasiado tarde.
No quería insinuar que ella lo llevara a su trabajo pero es que estaban un poco lejos y... si la ayudaba con la cuenta no tendría para pagar el taxi o la buseta.
—Bueno yo debo quedarme aquí, tengo una cita así que... —Casi se mordió la lengua por la forma en que lo dijo, como si quisiera que Marcos...
—¿Una cita?
—Uy, perdón. Adiós, Marquitos.
Ninguno de los dos le prestó atención a la ida de Gabriela.
—Sí... —Al ver la cara pálida del chico de nuevo concentrado en ella bajó la guardia —Nada importante.
—Okay... —El chico sonrió insatisfecho por la respuesta y se levantó de la silla sacando su cartera.
¿Cómo era posible? Estaba siendo demasiado iluso. Se avergonzaba de sí mismo, por un momento nuevamente pensó que Sonia le tenía lastima. Ellos jamás iban a tener una cita de verdad, ni ella lo miraría con otros ojos, por eso... por eso sintió su pecho doler.
—Marcos... —Sonia tocó por un instante la mano del chico deteniéndolo —No tienes qué pagar, y además... —Miró la hora, no sabía por qué se sentía tan nerviosa.
Se sentía como una adolescente.
—¿Jamás dejará que pague, profe? —La miró a los ojos, ella desvió la mirada levantándose también.
—No, y además, yo te llevó, venga. Mi cita puede esperar...
Sonia para Marcos era demasiado especial ¿Cómo haría para olvidarse de ella si se seguía comportando de esa manera?
—Pues la neta me gusta más el final en donde queda con José Luis, no mames, el amor toxico gana wey —Opinó Roxana con una risita.
Todo le había resultado al revés.
Roxana en cuanto salió de la papelería con los dos chicos se propuso tres cosas:
La primera era opacar al Alejandro para que Aquiles la notara más.
La segunda era mostrar su escote y ser más coqueta con Aquiles.
Y la tercera: no simpatizar con ese güero llenito de nombre Alejandro.
En su mente sonaba gracioso: la estaba pasando bien con ambos... bueno...
—Hey, wey, ¿estás pedo? —Cuestionó Alejandro mirando a Aquiles quien lucía concentrado en todo menos en la conversación de los otros dos.
El rizado alzó la mirada mientras mordía su crepa que no sabía tan bien por su humor. Y es que no sabía a quién estaba celando realmente; odiaba ver cómo la más baja reía y hablaba sin problemas con Alejandro y viceversa.
—Oye, no seas aburrido —La chica de cabello rosa jugó con su cabello mientras lo veía con una sonrisa. Aquiles no quiso pensar en cómo se sentía —Habla, ¿qué te traes?
—Hambre no es, se ha comido ya cuatro crepas —Dijo Alejando mirando con un puchero al chico. Aquiles de nuevo no supo qué sentir —No me digas que te pondrás como el de la peli.
—¡Mames! —Roxana se emocionó al recordar la película y vio a Alejandro con una sonrisa cómplice —TUBERCULO.
Tras gritar el mismo nombre ambos rieron volviendo a hablar de novelas, esta vez de una futura entrega de Pasión de Gavilanes.
Fue en ese momento en que las inseguridades de Aquiles salieron a flote. Había olvidado lo que era tener un amigo hasta que Alejandro apareció de la nada y Roxana igual. Y aunque en su mente estaba claro lo que quería con el chico su corazón no descifraba lo que quería con la chica.
Él no era bisexual, a él le gustaban los chicos. Pero ni siquiera sabía por qué los miraba y sonreía falsamente cuando volvieron a evitarlo.
En lugar de ser Roxana la tercera en la cita lo estaba siendo él ¡Qué estupidez! Definitivamente la pasaba mejor con cada uno de manera individual. Esa cita era un desastre ¡Tenía que hacer algo!
—Ya me aburrí wey —Soltó la crepa, los chicos lo miraron fijamente.
El rizado se arrepintió por un momento de tener la atención de las dos miradas porque no se decidía a quién ver más. Se estaba volviendo loco.
—¿Y qué quieres hacer? —Cuestionaron los otros dos al unísono haciendo que rieran después de darle una palmada en la frente al otro —¡Chicle!
Aquiles sonrió por primera vez al verlos a ambos reír pero mientras lo observaban.
—Vamos a hacer retos, hace mucho que no lo hago ¿qué onda? ¿Se apuntan?
Iba a jugar, sí... como aquellos juegos de la secundaria. Sonrió pícaramente viendo a cada uno. Iban a pagar el haberlo hecho pasar ese rato tan desagradable.
—Órale, pero no te pases de listo —Expresó Alejandro.
La chica de cabello rosa no entendía la actitud de Aquiles. Había notado su aura opacada, incluso llegó a comentar la película de Netflix que habían visto aquella vez pero él estaba perdido y no opinó. Pensó que a lo mejor el rizado estaba molesto con ella así que un poco triste aceptó jugar a los retos.
Allí mientras se encontraban frente a varios puestos de comida chatarra, Aquiles dijo las reglas. Se valía no hacer un reto por una verdad, y de no querer hacer ninguno tenían que comerse una ración cargada de pollo frito con una salsa hecha con diferentes tipos de chile.
—Empiezo yo —Aquiles sonrió viendo de reojo a Roxana —Pitu-rosa-brillantina... —La nombrada sintió una corriente eléctrica en su cuerpo cuando sus ojos se cruzaron con los verdes del rizado —Te reto a que vayas a una de las mesas y robes algo sin que se den cuenta.
La más baja lo señaló con el dedo índice mientras arrugaba la cara. A ambos chicos les pareció tierno así que rieron.
Aquiles sintió su estómago revolverse cuando la chica se inclinó a la mesa para levantarse de la silla. A él no le gustaban las bubis pero Roxana tenía unas bubis bonitas dentro de lo que podía ver.
—Puto, te pasas —Alejandro aprovechó que la más baja miraba de mesa en mesa para acariciar el brazo del rizado.
Aquiles sonrió de oreja a oreja cuando Roxana se acercó a la mesa con un pedazo de pan. Los chicos rieron por su cara sonrojada mientras la chica notaba la mano de Alejandro fuera de lugar.
—A ver, me toca. Te reto, querido Ale.
—¿Querido Ale? —El nombrado se hizo el sorprendido —Te compro esa confianza, cariño.
—¡Ay, no seas pendejo! —Ambos rieron. Ninguno pudo ver cómo Aquiles volvía a atragantarse de crepas —Te reto a que le pidas de comer a uno de ellos.
—No, no, no, eso jamás. Yo seré pobre, pero honrado wey —Alejandro se alzó de hombros —A ver, mejor ponme una verdad.
Roxana pensó en las mil y un preguntas que podía hacerle. ¿Te gusta Aquiles? ¿No está feo que ligues con el ex de tu hermano? ¿Ya cogieron? ¿Ya se besaron? ¿Se gustan enserio? ¿Quieren un trío?
La más baja rió por sus locos pensamientos y con una sonrisa se atrevió a preguntar: —¿Cuánto te diste cuenta que gustaban los chavos?
Una mesera llegó, pidieron tres raciones de banderillas con crema pastelera.
—Pues realmente fue en la escuela —Miró a Aquiles —Lo gracioso es que a mi hermano y a mí nos gustaba este niño —Con una mano apretó uno de los cachetes del rizado. Roxana respiró profundo —Pero yo estaba saliendo con una chica así que...
—Espera... —Lo interrumpió Roxana —¿Eres bi? —Alejandro asintió —Qué pedo...
¿Cómo era posible tan mala suerte? A Aquiles lo estaba intentando conquistar un chico que podría dejarlo no solo por otro si no que por otra también. No estaba en contra de nadie, solo pensaba acorde a la situación y a sus sentimientos.
—Bueno pero ahora es tu turno —Alejandro alzó las cejas en un baile mirando a Aquiles —Quiero ponértela fácil, wey es una verdad... ¿estás seguro que eres gay?
Aquiles sintió su corazón acelerarse. Titubeó sin poder responder.
Roxana se llenó de esperanza.
Alejandro sabía lo que tenía que hacer —Bien entonces como no respondes te reto a que beses a Roxana.
Los otros dos lo miraron sintiendo cómo estarían a punto de escupir sus corazones.
—Perdón pero no quiero comer chile ahorita.
Roxana se quedó paralizada al ver al rizado levantarse de su silla para acercarse a ella y juntar sus labios.
Aquiles quería volver a sentirlo, así que olvidando lo que estaba o quiénes estaban a su alrededor, después de unos segundos ineptos: la besó y se dejó besar como aquella madrugada.