Capítulo 9

1812 Palabras
Al día siguiente tuvimos la primera experiencia de ver a Mary bajo los efectos de sus medicamentos. En cuanto llegó a casa, sacó una bolsa de plástico llena de vitaminas, suplementos herbales y medicamentos recetados. Los colocó sobre el mostrador y contó uno de esto, dos de aquello, y así sucesivamente hasta que hubo una docena de pastillas, grandes y pequeñas, dispuestas sobre la mesa de fórmica. Luego se sirvió un buen vaso de agua y se las tragó enteras una a una. Unos veinte minutos después, empezaron los efectos secundarios. —¡Dios mío!— susurró. —El médico no bromeaba con lo de que me habían dilatado los ojos. ¿Podemos bajar las luces?— Cerró los ojos con fuerza y ​​se acercó a tientas a un extremo del sofá mientras yo recorría la sala cerrando las cortinas y apagando todas las lámparas de mesa y las luces del techo. Dejé la tele encendida, que, según la tonta idea preconcebida de Mary de que Jenna aún tenía gustos de niña de diez años, estaba poniendo la vieja película King Kong de 1933. Una vez sentada, Mary abrió los ojos y los entrecerró con dolor. —¡Aún parece tan brillante!—dijo. Fui a nuestra habitación y cogí las gafas de sol que le había dado el médico. Eran tan oscuras que casi parecía una mujer ciega, con gafas de sol negras como el carbón en una habitación a oscuras. —¿Ves bien ahora?— pregunté. —Mejor— dijo. —Al menos la luz no me hace daño. Pero todo está borroso. Puedo ver la tele.— Dio unas palmaditas en el sofá junto a ella. —Ven a sentarte conmigo, cariño. Hazme compañía mientras reviso esto.— Pasé mi brazo por encima del hombro de Mary y vimos King Kong. Después de unos minutos, Jenna entró desde la habitación contigua y se sentó a mi lado. Ahora estábamos las tres juntas, mis brazos sobre las dos mujeres, mientras la imagen del televisor en blanco y n***o parpadeaba frente a nosotras. Tener dos mujeres tetonas a cada lado era una tentación demasiado grande. Poco a poco, bajé un brazo y comencé a jugar con el pecho de mi esposa. Mary se giró y me miró, pero con las gafas de sol puestas, era difícil interpretar su expresión. Se inclinó ligeramente hacia adelante y, al ver que Jenna estaba frente al televisor, su cuerpo se relajó en mis brazos. Su mano subió y se posó sobre la mía, presionando mi mano contra uno de sus grandes pechos. Entonces Jenna hizo lo mismo. Se llevó la mano al hombro y, tomando mi muñeca, la llevó hasta sus pechos, que eran aún más grandes que los de su madre. Suspiró en silencio y se acurrucó más cerca de mí, encajando su cuerpo en el hueco de mi hombro. Gracias a la medicación, Mary tenía la vista tan mal que apenas podía ver la silueta de su hija, y mucho menos notar que tenía la mano sobre sus pechos. —Amo a mi familia— dije con un suspiro. —A mi hermosa esposa. —dije mientras pellizcaba el pezón de Mary, haciéndola sobresaltar en su asiento. —Y a mi querida hijastra. —añadí, pellizcando también el pezón de Jenna. Jenna me miró con una sonrisa malvada. Estaba en el cielo. Sentirme entre dos mujeres tetonas y abrazarlas con mis manos sobre sus pechos era una fantasía hecha realidad. Sonreía de oreja a oreja. ¡Ambas eran tan voluptuosas! ¡Sus pechos eran tan enormes y suaves! El hecho de que una de ellas, la madre, no se diera cuenta de que también estaba manoseando a su hija al mismo tiempo hizo la experiencia aún más loca y erótica. Las atraje más hacia mí para sentir sus cuerpos curvilíneos contra el mío mientras seguía acariciando y jugando con sus pechos. Acaricié los pechos de ambas mujeres durante varios minutos, sintiendo su exuberante suavidad bajo mis manos. Los pechos de Mary eran grandes, pero los de su hija eran tan grandes que me desbordaban las manos. Me encantaba la sensación de sostener los pechos de mi esposa y mi hijastra y sentirlos rebotar en mis manos. Ambas mujeres tenían pezones especialmente sensibles, y podía sentirlos temblar cada vez que mi dedo rozaba ligeramente sus pezones endurecidos. Después de varios minutos de jugar con las tetas de ambas mujeres, quería más. —No sé ustedes. —dije —pero yo tengo un poco de frío. Jenna, ¿Podrías ir al armario y traer una manta ligera para cubrirnos?— Jenna sabía exactamente lo que tenía en mente. Prácticamente saltó del sofá para cubrir nuestras actividades. Mary notó lo rápido que Jenna cumplió mi petición. —¿No es encantadora?— dijo Mary. —¡Cómo saltó para que estuviéramos más cómodas! ¡De verdad que está empezando a integrarse en casa!— —Qué buena hija. —asentí, mirando el trasero firme y redondo de Jenna mientras se inclinaba, rebuscando en el cajón de la ropa blanca. Me pregunté una vez más lo increíble que era su trasero, sus nalgas redondas sobresaliendo visiblemente incluso estando de pie. Ahora, con ella inclinada para que la viera, la vista era tan deliciosa que tuve que contenerme para no levantarme e ir hacia ella para agarrar y apretar esos increíbles globos. —¡Qué obediente!— me dijo Mary. Jenna giró la cabeza para asegurarse de que la estaba mirando y su boca se abrió en una sonrisa maliciosa dirigida a mí. Me mostró la lengua y asintió con la cabeza, riendo, como si compartiéramos una broma privada. Cambió el peso de un pie a otro, haciendo que su trasero se moviera provocativamente. Unos momentos después, Jenna regresó con la manta. La extendió sobre la parte inferior del torso de su madre y de mí antes de meterse también debajo. Reubiqué mis brazos para que ya no estuvieran sobre los hombros de mis hijas, apoyando mis manos en sus muslos. Mary me lanzó una mirada de advertencia a través de sus gafas oscuras cuando mi mano se acercó a su entrepierna, pero me llevé la otra mano a la cara e hice un gesto de silencio con el dedo en los labios. Jenna, mientras tanto, seguía mirando la pantalla del televisor, fingiendo no darse cuenta. En unos segundos, tenía mis manos en las entrepiernas de ambas mujeres, explorando sus coños con mis dedos. Mientras tanto, en la televisión, King Kong se ponía muy activo. Mientras Kong arrasaba la aldea africana, mis dedos empezaron a penetrar y salir de las v*****s de ambas mujeres. Intenté sincronizar mis incursiones en sus coños para que sus jadeos, cada vez más audibles, coincidieran con la acción en pantalla. Al mirar de reojo a mi esposa, vi que miraba fijamente hacia adelante. De reojo, apenas podía distinguir sus ojos tras las gafas oscuras. Sus párpados se movían mientras temblaba ligeramente y luchaba por mantener el cuerpo inmóvil, pensando que Jenna no se daba cuenta de lo que hacíamos. Jenna, mientras tanto, reaccionaba de forma completamente distinta. Su torso se apoyaba en mí, mientras sus piernas se abrían para permitirme acceder mejor a su coño. "¡Dios mío!", exclamó mientras King Kong agarraba a Faye Wray. "¡Esto es genial!", exclamó efusivamente mientras yo le metía los dedos en el coño. "¡Es increíble!". Me agarró la mano y me empujó más profundamente en su sexo, masturbándose con la mía. —¿Te gusta?— pregunté. ¡OH, JODER, SÍ! Mary se sobresaltó en su asiento cuando le metí dos dedos profundamente en el coño, pero logró chillar. —¡Ahora, Jenna!— Mary jadeó un par de veces y luego continuó. —¡Cuidado con lo que dices!— —¡Lo... lo siento, MM-Mamá! —balbuceó Jenna. Se estremeció mientras mis dedos entraban y salían de su coño. Mientras los exploradores blancos forcejeaban con King Kong, sentí una mano que empezaba a acariciar mi pene erecto bajo la manta. No sabía de quién era, lo que hacía la sensación aún más increíble. La fina tela de mis pantalones era lo único que se interponía entre la anónima mano femenina y mi grueso m*****o. Unos momentos después, sentí otra mano subiendo lentamente por mi muslo. Esa segunda mano provenía del costado de Jenna, lo que significaba que la primera que me acariciaba la polla debía de ser la de mi esposa. Giré la cabeza hacia Jenna para intentar disuadirla, pero ella seguía mirando la pantalla del televisor, fingiendo que no pasaba nada bajo la manta. Un momento después, mi intento de llamar su atención fue inútil. La mano de Jenna se acercó lo suficiente como para rozar la de su madre, y entonces ambas manos se apartaron de mi entrepierna como si fueran imanes que rebotaban. El cuerpo de Mary se quedó rígido por un instante, y sus uñas se clavaron en los costados de mi muslo, obviamente como respuesta a su ansiedad. Acaricié los muslos de ambas mujeres con dulzura mientras las tres seguíamos fingiendo prestar atención a la película. Pronto sentí que sus cuerpos se relajaban de nuevo; como ninguna quería que la otra descubriera lo que tramaban, ambas se hicieron las ajenas, fingiendo que su roce con las manos había sido accidental. Lenta y silenciosamente, dos manos volvieron a acariciar mis muslos, y un instante después, Mary volvió a apoderarse de mi polla erecta. Mis manos recorrieron los muslos y las vulvas de ambas. —¡Gallito de caballo!— gimió mi hijastra. —¡Papá Gallito de caballo!— De repente, el cuerpo de mi esposa se puso rígido de nuevo. —¿Qué?— preguntó. —¿Qué dijiste?— Miré de reojo a mi hijastra. La había cagado por completo. Sus ojos se abrieron de par en par y tenía una expresión de pánico. Pero entonces el pánico se desvaneció, frunció el ceño y empezó a hablar. Lo que entonces salió de la boca de Jenna confirmó mi sospecha de que era una de las mentirosas más fáciles que había conocido. —Caballo— dijo con naturalidad. —Es una palabra indonesia. Dudo que la encuentres en ningún diccionario. Es una especie de jerga, y solo se usa en la isla donde vivíamos. Y estoy segura de que mi pronunciación es pésima; tengo un marcado acento americano cada vez que intento hablar indonesio. — Mary tenía un tono de sorpresa en su voz cuando respondió: —Parece como si acabaras de decir... Eh, ¿qué significa?— —Como dije, es una palabra de jerga. La gente solo la usa en casa cuando está con su familia o con amigos muy cercanos. Las chicas la usan como un término cariñoso para sus padres. —¿¡"Caballo gallo" !?—
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR