Me desperté sobresaltado. Seguía en la cama, desnudo como cuando me quedé dormido. Pero... ¿qué era ese sonido? ¡Mierda! Era la puerta del garaje. Presa del pánico, me di la vuelta para avisarle a mi papá que se vistiera y saliera de mi habitación enseguida, pero ya se había ido. Me vestí a toda prisa y salí corriendo. Lo busqué con la mirada, pero no lo encontré por ningún lado. En el punto álgido de mi pánico, miré el reloj por casualidad. Eran solo las 9 de la mañana. Mi madrastra no podía volver a casa; tardaría varias horas. Su trabajo en el hospital era demasiado importante como para irse temprano sin una emergencia grave. Cuando salí a ver por qué estaba abierta la puerta del garaje, allí estaba mi padre, solo con unos pantalones cortos. Guapo y robusto, justo mi tipo. Tenía la

