Ever. Me sentía sin fuerzas, la verdad es que en otros tiempos yo hubiese querido reventarme los nudillos a golpes, boxeando arduamente hasta que se me lograra calmar el dolor en el centro de mi alma, pero no, no tenía ganas ni de eso. Me sentía extrañado, otra persona, y lo entiendo, yo nunca había tenido tanto peso en mi ser, me siento desgarrado y no sé de qué manera levantarme un poco más el ánimo. Me siento un cobarde de mierda porque ya han pasado dos días y no he podido ir detrás de ella, no tengo cara para mirarle. Me odio a mí mismo al recordar con la tristeza que me miraban sus ojos, porque sí la traté como un imbécil, me comporté como un completo animal y me duele porque ella es mi niña hermosa, la luz de mis ojos y la he herido. —¿Qué haces aquí? — cuando salí del baño luego

