— ¿Disculpa? — Eres tú. Eres la mujer que ha logrado que dos hombres caigan a sus pies como si nada. Por favor, ayúdame. — Lo siento —quiso que Rose la soltara—. Me estás confundiendo. — Sé que eres tú. No me mientas, por favor —apretó un poco más su brazo—. Estás viva y con una hija. — Cállate, sólo cállate —le suplicó con la mirada—. Esos dos son lo peor y si estás en medio será mejor que huyas lo más lejos que puedas porque no te dejarán en paz ninguno de los dos. — ¿Podemos hablar en privado? —señaló a los niños—. No quiero que mi hija se entere de que soy una fugitiva. — Rose, ¿Qué está pasando? —su padre cruzó el jardín—. Saliste huyendo en cuanto la viste. — Es que la confundí con alguien —le sonrió para calmarlo—. Volveré a casa enseguida, sólo tengo que hablar de algo impor

