Prólogo
Echo un vistazo al reloj de mi celular y me doy cuenta que todavía es temprano para ir a buscar a mis hermanos al colegio, debo pagar el alquiler del departamento, cubrir los gastos del colegio e incluso de la universidad. He recorrido la ciudad en busca de algún trabajo que pudiera cubrir al menos la mitad de los gastos que teníamos por mes, si aquello significaba dejar de estudiar para poder alimentar y darles una vida digna a mis hermanos entonces estoy dispuesto a hacerlo.
Me detengo en un bar que recién está empezando a abrir y removido por el olor a frito que despedía la puerta abierta, decido entrar.
En cuanto entro saludo a uno de los camareros que está acomodando las sillas y oiga una discusión del otro lado de la barra.
— ¡¿Cómo pudiste hacer algo así?!— se oye una voz femenina gritar enfurecida y el camarero de hace rato rodea la barra para atenderme. Su vestimenta es negra y es joven, tal vez tenga unos años mayor que yo, parece acostumbrado a lo que sucede porque hace una mueca.
No parece que sea de aquí porque su inglés es diferente.
— ¿Deseas algo de beber o comer?— pregunta.
Asiento con una sonrisa. Aún conservo dinero suficiente para poder comer algo, había ahorrado las migajas que nos había dado el socio de papá de la empresa luego de su muerte. Al menos pude vender la casa, comprar un departamento y cubrir los últimos seis meses de gastos.
No supe en qué momento mi vida cambió tanto.
— ¡Eres un jodido miserable!— la voz de la mujer se escucha más cerca y sus pasos acompañados de otros también—. ¡Te dejé entrar en mi casa, trabajas en mi maldito bar y todo para nada!
— Jamás te pedí que me ayudaras, Jane— él aparece detrás de unas cortinas transparentes con brillos plateados. El bar es lujoso y de noche seguro lo era todavía más.
— Y además de ladrón eres un jodido malagradecido. ¡Largo!— ella aparece detrás de él. Se ve que debe rondar los treinta años, tiene un brillante y largo cabello anaranjado casi rojo, su piel es blanca, es una mujer hermosa y tiene los ojos llenos de lágrimas—. ¡Vete de aquí y no vuelvas!
Aquel sujeto niega la cabeza y se cuelga un bolso a su hombro pero antes de salir se voltea otra vez.
— No conseguirás a alguien mejor que yo para este puesto. Pero, aún así, suerte con eso— dijo y lo último que vi antes de que desapareciera fue una copa estrellarse en la pared que está a su lado.
— ¡Largo!— él no tarda en salir negando su cabeza y después suelta un suspiro para agregar—: Seguro encontraré a alguien mejor que aquel imbécil bueno para nada.
— Jane…
El sujeto del otro lado de la barra la llama y ella se gira a nuestra dirección. Segundos más tarde su mirada recae sobre mí y lleva una mano a su cabeza para luego pasarlas por su vestido y recobrar la postura como si nada hubiese pasado.
— Dios mío, lo siento— se disculpa y niego mi cabeza.
— No te preocupes, veo que no está siendo un buen día para nadie— le digo.
Ella intrigada avanza a mi dirección y toma asiento en el taburete que está a mi lado.
— Pide lo que quieras que yo invito— me dice y coge una servilleta para limpiarse sus ojos turquesas sin dejar de mirarme—. ¿Tu novia también te dejó y la encontraste robándote?
Mi expresión le causa risa y niego la cabeza.
— ¿Qué vas a ordenar?— me pregunta el camarero con una divertida sonrisa.
— Sólo voy a pedir algo para comer— asiente y espera que prosiga—. Unas patatas fritas.
— Y tráeme un martini. Bueno, que sean dos— interviene la mujer que está sentada a mi lado.
— No voy a dejar que me invites.
Ella suelta una risa. Tiene un vestido de color verde que resalta aún más su piel y su cabello.
— Cariño, estás hablando con la dueña de este bar y que de noche se convierte en un club nocturno— me dice y le hace una seña al camarero para que se retire—. Ahora puedes contarme. Soy tu hada madrina, tal vez pueda ayudarte.
— Gracias pero está siendo imposible. Debo regresar en unos treinta minutos a buscar a mis hermanos y terminar de preparar el examen que rindo la próxima semana en la universidad— ella alza las cejas y permanece en silencio animándome a seguir. De repente siento que últimamente no tengo con quien hablar así que pienso que es la oportunidad para hacerlo y se enciende la bombilla en mi cabeza.
Aquel sujeto fue despedido y probablemente ella busca alguien para cubrir el puesto. Tal vez puedo llegar a ser camarero como el chico que me atendió minutos atrás.
— La verdad es que estoy buscando trabajo y no encuentro por ningún sitio.
— A ver, ponte de pie— me dice y ella lo hace. Lo observo extrañado y Jane rueda los ojos—. Vamos, chico. Hazme caso.
Me pongo de pie y el camarero vuelve con lo que habíamos ordenado. Suelta una risa y se apoya del otro lado de la barra sin dejar de mirarnos.
— Oh no, sal de aquí mientras puedas— bromea.
— Cierra la boca, Andrew— manifiesta y me rodea sin dejar de examinarme—. Veo que eres alto, incluso más alto que aquel imbécil que acaba de irse, eres muy atractivo y…
Pasa una mano por mis brazos, cuando lo hace me sobresalto y aprieta de ellos sin dejar de reír. Asiente en dirección al tal Andrew y él niega la cabeza.
— ¿Pasas mucho tiempo en el gimnasio?
Muevo mi cabeza de un lado para el otro.
— Lo dejé hace un tiempo.
— ¿Cómo te llamas, cielo?
— Thomas.
— Bueno, Thomas. ¿Recuerdas que te dije que puedo ser tu hada madrina?
Asiento con una sonrisa nerviosa.
— Pues hoy es tu día de suerte— alzo las cejas sin poder creerlo—. ¿Estás dispuesto a aceptar cualquier puesto de trabajo?
— Espera, voy a ser camarero, ¿verdad?
— Cariño...Puede que durante el día seas camarero pero en la noche este bar se convierte en un club nocturno— se cruza de brazos y empiezo a entender el rumbo de la conversación—. Durante la noche son mujeres las que más frecuentan este club. ¿Eres de aquí?
Niego la cabeza.
— Ahora entiendo. Bueno, Tommy...Cumples todos los requisitos para cubrir el puesto que dejó el cretino de hace rato, incluso eres mejor que él y no es porque esté dolida, ya me siento renovada— su sonrisa se ensancha—. Ojalá estuviera aquí para verte y poder burlarme de él. La cuestión es, mi querido, que durante la noche hay espectáculos de striptease.
Abro los ojos, horrorizado. ¿Aquello aún existe?
— Lo siento, pero…
— Entiendo y no voy a obligarte, cariño. Sería un desperdicio si no aceptas— asiente y luego extiende su mano hacia Andrew, él le entrega una tarjeta—. Te diré que no sólo cubrirás tus gastos personales sino que también podrás vivir con mejores comodidades, la paga es realmente buena y sé cuánto lo necesitas, si no estás seguro pregúntale a Andrew. Llámame si estás interesado.
Jane se toma su trago en pocos segundos y comienza a irse de donde vino, observo su nombre y su teléfono en la tarjeta. Aquel debe ser mi día de suerte, pienso.
— Espera, Jane— ella se detiene y me siento nervioso porque jamás creí llegar a aquel límite pero me encuentro desesperado—. Acepto el puesto.