—Deberías usar siempre ese método de persuasión —murmura Jenny con sarcasmo—. Resultó ser muy efectivo. —¿Tu crees? —Me rio de su expresión cuando se vuelve para mirarme. Levanta una ceja y me rio más fuerte. Jenny gruñe y me lanza un cojín, que golpea mi rostro y por poco me hace quemar con la plancha de cabello—. ¡Oye! Cuidado, casi haces que me tatúe un lugar en la cara con esta cosa caliente. —Lo siento —dice un poco preocupada. Viene hasta mí y me ayuda con el último mechón que estoy alisando—. De todas formas, me alegro que haya accedido a ir a la fiesta. ¿Ya compraron el regalo? —Sí, lo escogió Sami. Es una muñeca preciosa. —Bueno, sigue usando tu cuerpo para hacer feliz a las niñas. Eres como la prostituta de los pequeños. Gimo y golpeo su mano. —Eres una idiota. —Lo sé. Ah

