Las respiraciones agitadas era lo único que sonaba. Jack la miró y de nuevo se apoderó de su boca. Las piernas de la pelinegra rodearon la cintura del rubio aún entre besos. Las manos de Jack estaban en el trasero de Sabana que disfrutaba de esas sensaciones que por momentos la asustaban. - pequeña, eres hermosa- susurró Jack en sus labios y adueñándose de su boca otra vez se encaminó hacia las escaleras subiéndolas con mucho cuidado mientras ese sabor a fresa invadía su paladar. Abrió la puerta con una patada y lanzó en la cama con mucho cuidado a la pelinegra que estaba hipnotizada. Él se sacó su camisa dejando al descubierto ese cuerpo escultural y se colocó arriba de la pelinegra adueñándose de su boca, se separaron por falta de oxígeno. El rubio se apoderó del cuello

