El trino de los pájaros fue molesto para Alejandro, estaba cansado pues solo había alcanzado a dormir solo un par de horas porque la noche con Odette fue deliciosamente entretenida, pero con el trino de los pájaros había una segunda incomodidad o más bien un cosquilleo en su vientre que lo fue llevando a la consciencia y al abrir los ojos vio el alto techo con un candelabro de cristales colgando en el centro, jadeo y levantó la sábana viendo el momento exacto en que Odette iba sacando su hombría de la boca dejado atrás una estela de su propia saliva, los ojos se abrieron y los iris azules se clavaron en los suyos con una malicia depredadora que le puso los pelos de punta. – ¡Hija del pecado! – exclamó antes de bajar la sábana de nuevo. – Quita la sábana ¿No quieres ver cómo te hago llega

