Deicinueve

4236 Palabras
Eira No me puedo volver loca. Me estoy volviendo loca. Mantente serena y tranquila. Me estoy volviendo una desquiciada. Puedo con esto y con más. Quiero partirle la cabeza a Zaddiel y Mich cada que entran. No puedo hacer eso. Tengo que hacer eso. ¿Dios? ¿Existe? ¡Sácame de aquí! ¡El encierro me está matando! Quiero el otro dormitorio. Por lo menos se escuchaban los pasos de algunas personas al andar. Aquí nada. ¿Como explico lo que he vivido en días en unas palabras? Soledad. Silencio. Oscuridad. Aburrimiento Incertidumbre (sobre todo está) Se que llevo tres días encerrada. Porque por fortuna tengo una gran televisión con todos los programas de streaming y cable. Se que día y hora es... Pero aún así me vuelve loca el encierro que me tengan presa a conveniencia. Zaddiel aparece sin falta todas las noches, viene casi siempre luciendo igual. Sereno y luciendo sensual con su aspecto serio. Se tarda menos de diez minutos. En la que me pregunta cosas estúpidas. Sí estúpidas, lo que yo le respondo como si el fuera el dueño del hotel y yo tengo mis quejas con respecto al agua fría, la luz, la falta de sol, el olor de las sábanas, mi atuendo y lo mal que lavan. No ha hecho más que reírse de mí. Quizá parezca que esto es lo ma estúpido para cualquier otra. Pero ellos intentan hacer que comience a temer por mi vida debido a su falta de interés. Me hacen pensar que están esperando que el viejo Zacarías venga a darme una lección o que me ponga nerviosa sobre otras cosas que puedan hacerme con el silencio sobre mis comodidades. Así que optó por quejarme para que sepan que realmente me estoy aburriendo, que mis quejas son válidas cómo si llevará un par de horas aquí y no días. Mich aparece todas las mañanas con una sonrisa elegante y con comida. El no se queda más tiempo que mirarme como si fuera la pieza de un puzzle. Por las tardes aparece una chica que me recuerda un poco a Lisa, solo que ella es más dulce o inocente. Pero... Tiene algo que me deja perturbada. Aún no conozco a nadie de este mundo que sea inocente no del todo. Sus ojos son dos gemas brillantes que me miran con travesura, esperando que haga algo o diga algo mientras me deja alguna muda de ropa de mi maleta y se retira sonriendo de manera suave. Y me perturba mucho porque no es para este mundo. En cualquiera de las circunstancias ella podría ser de todos menos una secuaz o mafiosa. Parece que esas mujeres están hechas para ayudar en casa, como una Margaret sin tantas groserías, una cheff, una doctora o quizá podría imaginar a ella siendo ayudante en orfanatos y ancianatos. Su presencia es pacífica y risueña. ¿Sabes lo que hablo? De esa pureza cuando la descubres así es esa chica, no encaja pero lo ha logrado. No es familia de Zaddiel. No se parecen en nada, aún así, es de aquí, es de ellos. Así qué, algún acontecimiento tuvo que hacer que ella fuera parte. Veo la hora y se que en algún momento va a entrar Zaddiel como toda las noches. Entonces me preparo mentalmente para que no vea cómo quiero lanzarme a su yugular. Por lo menos me ha dicho que mi hermano ya se encuentra en casa, no sabe más de él porque no lo va a visitar y no son cercanos. Esa fue su coherente respuesta. Pero aún así pude respirar un poco. Ha pasado un día que lo dieron de alta. Espero que lisa le haya entregado mi carta y que el idiota sea mas listo que eso e investigue de dónde mi padre llamo y en qué maldito hueco está. Y sobre todo que no lo vaya a encubrir. No es que yo vaya hacer algo en contra de mi padre pero si haré algo es de frente a frente. Tres días encerrada aquí y ya mañana es el cuarto. ¿Cuántos días tardará en darse cuenta que no estoy presente? No creo que Zaddiel responda mis mensajes y mucho menos hablé por teléfono como si fuese yo. Solo eso imaginar lo que podría suceder me da una sonrisa en mis labios. No me satisface saber que muy por dentro soy sádica como personas que me rodearon. Antes sentía asco y repulsión por cosas así. Pero ahora creo que lo puedo entender y luego de tantos meses encerrada aprendes de dos maneras. O te quedas como victima, dejas que te marquen y te rompan o aprendes a controlar tu mente, te sellas a esos sucesos y levantas las defensas para convertir en un monstruo igual que ellos o peor. Tu solo dispones de ello y yo decidí la segunda no sería más una victima y tampoco me quitarían mi poder en mis emociones. No más y jamás. Pero hay que aprender a actuar y no quebrarse aunque por dentro te está comiendo poco a poco la rabia, la incertidumbre y sobre todo los pensamientos de esperar lo peor. Hay muchas maneras de torturarte. No hay necesidad de utilizar presión psicológica para hacerte entender que te repara un destino malo, tú lo hueles, lo sientes y lo sabes antes que llegue. Tampoco tiene que quebrar cada uno de tus huesos, está es la que la mayoría se enfrenta pero solo ocurre cuando tienes algo que ellos necesitan : información. O cuando mucho los sucesos solo por perversión o son sadicos disfrutando de todo lo que conlleva a la tortura infinita o definida por cierto tiempo. Pero también está en dónde te tratan bien, te hacen creer que todo está perfecto. Te dan comodidad —aunque no te dejen salir de la habitación— pero tarde o temprano eso va a suceder. Hacen lo que pidas, complacen tus deseos porque luego viene la mierda. Ese yo opino que es uno de los peores. No tengo información que les ayude, no conozco los movimientos de mi padre, no sé ni siquiera cuánto oro puede existir en la reserva. Desconozco por completo los movientos de la empresas Halls. Entonces esto me deja más pensativa con referente a mí. ¿Que quieren conmigo? En los ojos de Zaddiel puedo ver algo que no descifró. Aparte de oscuridad, muerte y frialdad. Pero el tiene algo más, algo que muy a mi pesar me da escalofríos. Me recuerda a la mirada de Zed. Calculadora, inteligente y muy pero muy profunda. También seductora y sensual. Sacando eso queda algo que trama conmigo. Algo quiere Zaddiel de mi y no es lo mismo que su padre. No es mi cuerpo, no es mi huevo feberge y mucho menos algo con el oro. Zaddiel me esconde un secreto y no se que es lo que sea. Pero tampoco quiero descubrir. Me peino mi cabello mojado por la ducha y miro el picaporte de la puerta cuando suena. Ha llegado entonces sin pensarlo sonrió para mis adentros. Aquí solo uno terminara peor que el otro Y ya yo salí sin alma luego de mi experiencia en el infierno ¿Cómo terminará para Zaddiel? Su mirada perspicaz cae en mí. Mientras estoy enroscada en una toalla al rededor de mi cuerpo. He Sido consiente la horas en que el viene. No es repetitivo pero si entre la ocho y nueve de la noche. Me observa cambiando a curioso, sereno pero viendo mis movimientos Cómo si esperara que le lanzará algo al cuello, lo que me deja la sensación de que sabe que podría hacerlo, no me gusta y me gusta al mismo tiempo. Sabe que soy imprudente y poco precavida a su alrededor. Alguna vez dije que Zaddiel destila un aura magnética de serenidad, poder y sensualidad. ¿No? Bueno desde que lo estoy viendo todas las noches desde que estoy bajo su poder me he dado cuenta que sí. Tiene ese encanto de poder atado como un jodido manto protector y lo hace sentir como un hombre tentador, s****l y sobre todo poderoso. Imperturbable y como un jodido diablo apenas se mete las manos en los bolsillos como ahora y cambia su peso al pie izquierdo. Antes no me permiti detallarlo, asumí que me iría hace tres días. Pero desde la noche con lo de mi hermano me di cuenta qué este hombre no solo es temido si no a qué su modo los hombres que están a su cargo lo ven como Don. Un mafioso de cabo a rabo. Inspira la crudeza del miedo y el respeto. Posible lo segundo por qué es algo menor para un cargo de ese modo, pero sé cómo esto funciona. El es el sucesor de todo lo que maneja su padre por lo tal debe de encargarse u ganarse a cada uno de ellos y si no tiro por el pecho. ¿De que otro modo se puede agarrar miedo a otra persona? Tienes que ser despiadado. Casi tanto como en nuestra familia. Pero aquí en la mafia todo es más crudo, más n***o, más oscuro. Camina hasta ver qué el televisor está apagado cosa que desde que entra sabe que a esta hora tengo algo puesto entre YouTube o Netflix. ¿Que otra cosa puedo hacer para distraer? Cuando ninguno está no sabe qué medito para no romper ninguna almohada. Calmando mis pesadillas para no ceder ante el silencio que me causan por no decirme que sucede. Sube una ceja gruesa oscura como pidiéndome una explicación sobre no estar viendo algo. Suelto el peine y lo aprieto. Quiero lanzarlo hacia su cabeza pero de seguro tiene buenos reflejos y termino dañando el tv. En vista que no hablo y que luzco aparentemente amable sentada como si está habitación fuera una maravilla para mí. Un suite imperial para una reina. Llega hasta a mí con las manos en los bolsillos. Me impacta algo. No se ve como las otras noches. Está vez luce vestido como si fuese a salir. Jeans ajustados negros y desgastados. Jersey blanco que se le adhiere perfecto a su cuerpo y torzo. Pero lo que me impresiona es qué su cabello no está desordenado lo lleva como si antes de venir aquí se haya peina un poco. Las ondas Caen dispersas pero se ve muy hermoso. Probablemente Zaddiel ha Sido el hombre más atractivo que haya visto a mi corta edad. Y me he rodeado de hombres atractivos, pero este le gana por mucho. Creo que no había visto que su cabello es tan largo, debo de ser porque en sí mojado como lo tiene es más pesado. Huele a jabón y al perfume de siempre. Exquisito y pecado. Se inclina entonces estudiando mi reacción. Debería alejarme lo sé. Pero no lo hago. Me gusta que lo haga. Por esa razón me inclino hacia atrás. Permitiendo verlo mejor. Aspiró a su aroma embriagador. —¿Has dañado el televisor? — es su coherente pregunta chispada de picardía. Nada de ¿Cómo estás? ¿Ya comiste? ¿Quieres un tiro en el pie? —No has pagado el Netflix y no pienso utilizar mi cuenta por qué primero la comparto con otra persona y segundo Debes de atenderme mejor ¡Vamos chico dame mejor atención mientras me tengas retenida bajo tu voluntad! El me da una sonrisa de medio lado. Una que quizá a muchos lo asusté pero a mí me causa es ¿Que me causa? Mi piel se eriza cuando me ve la toalla y que estoy mojada. Inclina la cabeza de un lado, saca su brazo derecho y me toca el nudo de la toalla en mi pecho. Solo contacto con la tela. Siento el calor de sus dedos muy cerca de mi piel, solo eso. Veo como sus ojos se oscurecen un poco y creo que lo que dirá no será nada con el televisor ni el Netflix. —Yo te puedo atender mejor. — casi mi cuello hace como la chica del exorcista. Mi ceja sube ante el tono —Pero para eso debemos hablar más y no soltar tantas mierdas como lo haces. ¿Sabes? Podemos dar un paseo, salir de aquí, llevarte algún lado. Solo... Debes responder algunas preguntas que necesito. ¿Ven ahí está? Algo quiere saber, algo quiere de mi. Por un poquis quisiera subir la mano y gritar al aire. Pero me comporto impasible como puedo y subo ahora ambas cejas. Quitando de mi cabeza lo sensual de sus primeras palabras porque siendo sincera si ocasionaron una emoción en mí. Sindrome de Estocolmo. le doy media sonrisa inocente, la que Antuan dice que hace que le dé mucho miedo y la que Noah acciona precavido apenas lo hago. A todos le parecería una sonrisa dulce. Pero solo aquellos quienes han visto lo que viene luego se aterran. No puedo matar a Zaddiel con una cepillo de cerdas suaves. Pero puedo sacarlo un poco de quicio. —¿Pondrás tu clave de Netflix? — es lo que le respondo. Zaddiel me ve extraño. Pero coge el control para comenzar a prender y luego agregar su cuenta de Netflix. —Se venció — me dice o se dice. —Ya está. — suelta a regañadientes. Y antes de salir me da una mirada dónde me deja pensando. ¿Que carajos piensa el ahora? Y sobre todo ¿Porque no causó más empeño? Suspirando de manera teatral cómo si fuese súper feliz aquí dentro pienso molestarlo más. Después de todo o es muy malo con secuestros o realmente sabe quién soy y no quiere meterse en problemas con los Tremblay. También puede que me esté preparando para su padre o simplemente la última opción pero la menos que crea es que sea lo que sea que necesita o quiere de mí prefiere hacerlo sin que yo esté en negativa. Pero como dije, no sé nada de los negocios de mi padre y ¿Que puede querer de mi? Algo de mi familia, primero deberán matarme. —Me voy. — agrega y antes de abrir la puerta lo llamó, se gira sobre su hombro. —¡Quiero palomitas bañadas en mantequilla y Pepsi! — se detiene en la puerta ante mi petición. Casi me río por la cara que pone. No sé lo cree. —Chocolate y helado de vainilla con chispas. Hay unas galletas que venden que saben a limón, como pie de limón. También trae unos paquetes. ¡Gracias Zaddiel, eres un sol! Cuando cierra la puerta sonrio de oreja a oreja. Quizá no me traiga lo que he pedido pero tan solo molestarlo me enorgullece. Es mucho mejor que me meta en un cuarto oscuro, en una caja y quiebre mi voluntad de ese modo. Si me tiene así me aprovecho mientras puedo. Creo que sí me metiera en una caja hermética le dijera hasta mis peores miedos. No tolero un lugar tan chico y tan cerrado. Sacando esos pensamientos me quito la toalla y procedo a vestirme. Quedan una semana y tantos días cuando mucho si es que Noah ya sabe. Sonrió feliz. Mi Noah ardería el mundo por mí. *-* *-* *-* Era tarde lo sabía, me había costado agarrar sueño. Por lo que luego que se fue Zaddiel me puse a idear varios planes si algo llega a a pasar o Noah tarde en venir. Debo de comenzar a actuar por mi bien común pero ya no más una Halls. Mostraré mi Tremblay. No me hubieran jodido al menos que supieran quién soy realmente y sobre todo no me hubieran hecho nada si les hubiera roto más que la nariz y el cráneo al viejo. La puerta suena y me quedo tiesa. Es muy tarde. Cuando apague el televisor me decía que pasaba las once de la noche y eso fue hace un rato, desde que dije que debía de dormir algo. Me hago pasar como dormida. Sentí los pasos, suaves, lentos y pesados. Un hombre. Luego, otro, pasos más fuertes, son dos. Espero atenta mientras tengo mis sentidos. Me doy cuenta que se acercan a la cama, por dentro se que no es Zaddiel, tampoco su amigo Mich y mucho menos la chica. Ninguno de esos olores me llegan pero si uno. Tabaco rancio. Cómo si lo hubiera sentido de nuevo sobre mi piel. Me levanto de un salto, tan rápido que pude sorprender a ambos, la sabana a mi mano la jalo hasta que comienzo a moverla en círculos. Rápidos, feroces, dispuesta a utilizarla como arma si se trata. Los dos me ven. Diferenció entonces la piel pálida y ojos avellanas con la cicatriz en su rostro. Noto que tiene el peso en un solo pie, el bueno, aquel que no dispare. Sostiene con una mano a Zacarías, quien está peor. Tiene una vendaje en la cabeza y el rostro mullido. Aunque el rubio lo sostiene este intenta velar por si mismo. Que me maten aquí mismo. Pero ver a estos dos hombres jodidos por mí hacen que la sonrisa se me dispare en los labios. La sensación de placer perversa me recorre en el cuerpo alegre. —Vuelve a la cama.— lento, con voz amenazante pero bajó. Le cuesta hablar. —Ya. Veo a la cama. Lo veo a el, veo al rubio. Hago el recorrido de nuevo pero está vez, veo la puerta. Lo nota y, luego un arma me está apuntando. —Intentanlo nada más. — advierte el rubio quitando el seguro de su arma. —No está Zaddiel para defender tu culo. Arrugó mi cara. ¿No le quedó claro que yo puedo defenderme yo misma y que lo deje medio muerto en un maldito estacionamiento? Pestañeo y veo a Zacarías que parece que se va a desmayar por el esfuerzo. —Mas lo necesita el que yo. —Le digo encogiendome de hombros. Zacarías se tensa, coloca ambos hombros hacia atrás, para decirme que está óptimo. Optimo para desmayarse será. Me trago la risa. Afincó mis manos en la sabana atrayendo la atención de ambos. —Voy a establecer algunas reglas. — comienza Zacarías sentándose en la cama. Luego saca su arma, la coloca en su regazo. —Te voy a matar, una vez todo esto acabe, te voy a matar y no va hacer rápido, lo haré lento. —Sus ojos fríos me dan una mirada donde me demuestra sinceridad. El aire de mis pulmones se atora pero no lo demuestro. —Lo único que será rápido para tí, seré yo, encima de ti cuando te folle cada hueco de tu cuerpo. Me tenso recordando toda la mierda que sufrí. Cierro los ojos procesando sus palabras y buscando donde agarrarme para no lucir asustada. Bien puedo aún, usar la sabana para una distracción o hacer que el rubio suelte el arma. Pero queda con que Zacarías si tiene una buena puntería me alcance una bala. Aunque mal trecho cómo está quizás no vea bien. ¿Cuántos hombres habrán afuera? Pero aún así. No puedo salir de aquí. Quizás tiene hombre fuera de la villa Halls esperando que ocurra algo y atacar. Por lo que me dijo Zaddiel ninguno de mis hermanos se ha ido de ahí, lo que quiere decir, que mi padre, no sé los ha llevado. Mi estómago se retuerce. —Por lo menos se que disfrutaré de una tortura buena. — digo sonando convincente sin miedo. —Por que si eres tan malo en la cama algo tienes que hacer duradero ¿No? Zacarías se ríe con una mueca. Una risa oscura que debe de cagar de miedo a más de una persona en su sano juicio. Pero como yo no estoy ni una pizca cuerda lo único que hago es medir nuestras distancia. —Esa boquita tuya espero que este tan suelta cuando te ponga de rodillas a qué me des una mamada Eira. La bilis me sube y me esfuerzo por tragar. El rubio se da cuenta de mí temblor en las manos porque sonríe guason, deformando su rostro con la horrible cicatriz. Lo que no sabe es que no tiemblo de miedo, tiemblo de impotencia de querer ahorcar a Zacarías. —Estas muy seguro que se te pare. — le suelto sin poder quedarme callada. Juega entonces con la pistola. Veo todo. Lentamente Zacarías apunto hacia el televisor. Luego lentamente volvió a su postura de antes. Calmado. Me vio de reojo. Con una mirada lascivia y profunda. Está vez si temblé de asco. —Tu madre siempre tuvo algo que decir. — me quedo quieta y fría. Por la mención de mi madre. —Le podrían decir cualquier cosa, pero ella, tenía que tener la última maldita palabra, a diferencia de ti, más lista y refinada. —¿Cómo es que conociste a mi madre? — pero luego veo que intenta. Sonrió de medio lado. Posible sea la mamá de los chicos. —Por supuesto mi padre. Zacarías me ve como si fuera estúpida. Niega. Viendo mi cuerpo desde mis piernas hasta mi cara. —No hablo de Jane. Hablo de la amante de Halls. Eve, tu madre. — el aire está vez si colapsa en mis pulmones y creo que no respiro. —Fui el primero en verla, la conocí primero que el maldito de Halls, por supuesto tu padre siendo la maldita escoria que es vió que me gustaba y se empeño en ella como yo. — toca su arma dando círculos mientras me ve en algo tan perverso y sadico. Me encojo. —Tu madre tiene malos gustos, al menos tu te pareces mucho a ella y no al hijo de puta de tu padre. Sin embargo, eso no quita qué no proceda como voy hacerlo. Mi madre conoció a este ser tan despreciable. Por supuesto, quizás fue cuando conoció a papá en una de las tantas veces que viajo a México a la frontera. Pero aún así por lo que escucho de Zacarías no me gusta la forma en como me ve. Me parece que aunque conoció a mi madre no sabe quién fue. Mi madre siempre más liberal ya que mi abuelo la apoyo y mi tío, el padre de Noah también. Mientras ella se dedicó a estudiar medicina y bioquímica. Era demasiado inteligente, según se y según ví. Tuvo premios y se graduó como la mejor de la clase, más de una vez. Tenía un laboratorio a su cargo, jamás supe dónde porque no me interesó, aunque mi tío, se encargo del negocio familiar junto al abuelo ella le tocó también algunas veces ayudar. No creo que la conociera en esos momentos sociales. Si la conoció fue posible como la bioquímica Eve Jensen. Cómo le gustaba presentarse cuando no se trataba de algo familiar que ameritaba. En eso nos parecemos ambas o quizás fue ella que me inculcó tanto. A veces quisiera volver a revivir a los Fournier para volver a matarlos. Malditos sadicos. Todo lo que me hicieron no me importó como lo que pasó con ellos. El dolor aún está en carne viva. —¿Proceder a qué? — pregunto en su lugar. —Tenerte. Ya te lo dije. — hace que El rubio lo levante. —Te salvas que me encuentro indispuesto, por tí, pero no te preocupes belleza, todo te lo compensare. Ahora es que tenemos tiempo. Comienza avanzar hacia la salida y antes de que yo pueda desplomarme en el silencio de la habitación se gira. —No me importa si mi hijo ya te tuvo, se nota que se le acabó el juego dejándote a mi Merced. Aunque, siendo sinceros entre tu y yo, no me importaba una mierda si piensa que eres suya, yo te voy a follar y te jodere hasta que no puedas decir ni una palabra de lo mucho que te voy a quebrar el cuerpo y el alma. Cuando acabes de rogar que pare y que te deje en paz solo ahí, en ese momento si me place te daré a mis hombres para que ellos también puedan probarte. — agarra la puerta para cerrarla y El rubio se queda sujegandolo del codo. —Voy a disfrutar de ese cuerpo tuyo Eira. Luego que se fueron. No pude dormir. Me quedé despierta esa noche y la siguiente también. Zaddiel no apareció por dos días, ni el, ni Mich y mucho menos la chica. El terror se instalo en mi piel, como una sanguijuela pero en vez de chupar la sangre fue llenarme de imagines de mi pasado. Había perdido la cuenta de las veces que me levanté gritando cuando lograba agarrar sueño en medio de las tardes. No ví televisión y mucho menos bromeé cuando me traían la comida. Solo estaba pensando en que si iba a morir lo haría solo luchando. Si Zacarías entraba por esa puerta iba hacer el o yo. Comencé a pensar que realmente estaba a Merced de Zacarías lo que era peor, porque mis pensamientos cuando no eran en el pasado esperanzada que Zaddiel entrara y me enojaba conmigo misma tener esa ansiedad por el. Después de todo es hijo de su padre. Comencé a pensar que quizas mi hermano no estaba bien, que algo le pasó. Demasiados días desde el evento del gobernador y Noah no ha llegado por mi. Tenía que ver cómo salía de esto o moriria. ¿por qué Noah no ha llegado por mi?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR