Eran solo dos semanas lo que separaban a Jasha de Dasha. De una unión que nunca estuvo destinada, pero que la pelirroja quería. Aunque podría parecer que ella la quería por esa insana obsesión que tenía con Jasha, las intenciones iban más allá de una simple obsesión. Ella estaba siendo utilizada como un títere barato en medio de una guerra silenciosa que había comenzado años atrás, pero que con la llegada de ciertos hermanos se intensificó. Pero eso era algo que ni Dasha, ni Jasha y mucho menos Irina sabían. —¿Qué tiene? —Jasha estaba apurando, indagando al médico sobre la situación de Irina. —Acabamos de enviar los exámenes al laboratorio Jasha, debes tener paciencia. —¡No tengo paciencia! ¡Se trata de mi mujer! —Y yo te digo que no puedo diagnosticar nada sin los resultados,

