Estaba la historia de dos grandes amigos que eran casi como hermanos, eran hermanos, pero sin serlo. Se amaban, se respetaban, se apoyaban y cuando había que derramar sangre, se derramaba, eran capaces de sacrificar sus vidas por el otro. Pero entonces los humanos que somos humanos y actuamos como tal, mostramos nuestra verdadera naturaleza cuando la avaricia, la envidia y el deseo nos superan. —¿Es una broma verdad? —Mira, necesito que confíes en mí, tengo la presión del consejo y tenía que declararlo a él... —En lugar del pobre miserable que no tiene nada que ver contigo. Del pobre hombre que llegó aquí por la gracia de tu bondad —el rubio miraba con ira a su amigo, pues se sentía traicionado. —Sabes que las cosas no son así, eres mi hermano y... —¡Y ellos no lo saben! ¡Se supon

