7.— Pequeñas grandes peleas.

1137 Palabras
Quería caminar hasta su posición y golpear su rostro, sin embargo, cada vez que su voz se iba elevando más, un salón distinto iba abriendo sus puertas, con más de un estudiante chismoso al pendiente de nuestro enfrentamiento. —¿Qué quieres? —avancé hacia él, con una Noah asustadiza a mi lado. —Yo nada, sólo que me devuelvas a mi novio, resbaloza. ¿Y esa qué se creía? Tal parecía que alguien tenía problemas para adaptarse a la realidad luego de una ruptura. —¿Qué q.?. Mi monólogo para defenderme fue callado al instante al ver la sonriente figura de Nick pasar por el lado de Kate y posicionándose frente a ella, —¿Dolida, Kate? —se burló, frente a ella. —¿Qué quieres, idiota? —atacó. Caminé un poco más hacia ellos, para tener una mejor vista de lo que sucedía. —¿Qué quiero? Quiero que dejes en paz a Jessica —espetó, desafiándola—. ¿No te bastó con lo             que le hiciste a mi hermana? —¿La defenderás? ¡Y todavía dicen que los rumores son falsos! —vociferó a las personas que nos observaban—. Es evidente que ustedes son algo. —Sí, sí lo somos algo; somos amigos, Kate, ¿algún problema? —Nick aceptó todo cargo, y se acercó a ella. —Pues fíjate que sí tengo problema, porque me dejaste por ella —acusó. —¡Deja de hacerte la victima! Te dejé porque ofendías a Noah cada vez que podías, porque me mentiste, en mi propia cara y atentaste contra las personas que quiero, rompí contigo porque, aunque siempre quise pensar que en el fondo eres buena persona, no soporté seguir con alguien que trata a todos como si fueran inferior a ella. No me gusta salir con personas tan tóxicas como tú, Kate Morgan. El monólogo de Nick acabó, dejando a más de uno boquiabiertos, sin poder creer aquel tan sincero enfrentamiento. Era difícil pensar que Marshall High era diferente antes de mi llegada, callado, tranquilo y pacífico, evidentemente, los problemas estaban sembrados antes de poner un pie allí. —No vengas a decirme que no quieres algo más con ella. Una carcajada de mi parte llamó la atención de todos. —Si Nick quiere o no algo más que una amistad conmigo, no es tu problema. Acéptalo, terminaron y aprende a vivir con ello. —Escucha muy bien… —¿Sabes qué? Guárdate tu opinión para alguien a quien le interese y ya deja de molestar. —Creo que no hace falta que diga más, Kate —Nick se encogió de hombros. Kate nos dio una mirada cargada de desdén, haciendo una pataleta y saliendo del lugar, echa una furia. —¿No crees que nos pasamos? —pregunté a Nick, luego de verla irse. —Claro que no, ella se lo merecía. Estoy cansado de su actitud con los demás —soltó un suspiro—. Hay que irnos a clase, es tarde. Tomé su opción, entrando casi a corriendo a nuestro salón, ignorando la mirada de los presentes y tomando asiento sin ser notadas. —Dios, te amo —confesó Noah, al sentarnos—. Desafiaste y venciste a Kate Morgan, no es para menos, nadie se había atrevido a enfrentarla. —Hasta aquí se escuchó la pelea —tras nosotras, Malkon movía un lápiz entre sus manos. Mi maravillosamente celoso hermano se encontraba sonriente tras nosotras. —La mayor parte la hizo Nick —aseguré—. Nos defendió, a ambas. —Tienes razón, aunque no quiera, Nick estuvo bien, defendió y... —su vista se fue a Noah—. Fue lindo escuchar defenderlas a las dos. No pude evitar sentirme en medio de ambos. —¿Entonces? —curioseé. —Y, si quieres ser su amiga, no me molestaré —soltó, suspirando. —Sobre eso... —sonreí inocente—. Saldré con él. Sus ojos se abrieron de forma inmediata, quedándose sin palabras. —Si te llega a tocar un pelo... Lo mato, ¿está claro? —rodó los ojos, aceptando así nuestras citas. Mucha habla para algo que ni siquiera estaba planificado para alguna fecha, pero conociendo a mi sangre, necesitaba evitarme problemas. —Sí, tranquilo, no pasará nada. —Oye, y, ya que Nick estará muy ocupado con mi hermana —concentró su atención en Noah—. Podrías ir hoy en la noche a ver una película, así tienes algo que hacer. —¿Y quién dijo que no tengo nada que hacer? —la rubia mostró su fase coqueta. Sin embargo, el tinte en sus mejillas decía que, en realidad, estaba en un estado diferente en su interior. —Yo… No quise decir eso, debes tener tus ocupaciones, lo entiendo, esto no es importante y… Mientras la lengua de mi hermano se enredaba, Noah optó por mirarme, divertida. —Nos vemos esta noche —lo detuvo. —Increíble —una sonrisa se plasmó en el rostro de mi hermano. —Haynes, Jackson y la otra Haynes, atentos a la clase, por favor —la profesora intervino en el amoroso momento. Asentimos y callamos, posando nuestros ojos en el pizarrón. En toda la clase mi hermano no dejaba de coquetear con Noah, ya había excedido el límite de mal tercio por el día, así que, cuando la clase terminó, lo agradecí enormemente. Al salir lo primero que vi fue a Ryan y Nick parados afuera del salón, esperándonos. —Perdón, perdón, por favor perdóname. Te lo pido —Ryan juntó sus manos y me miró con suplica—. Estaba muy borracho, no fue mi intención. —Silencio, idiota, tú nos debes algo —reclamó Nick. Sin entender a qué se refería, lancé una mirada cargada de confusión. Cinco segundos después de buscar en lo profundo de mi mala memoria, logré recordarlo. —Me las pagarás, te lo aseguro... Pero ahora no, te dejaré disfrutar más de tu vida antes de quitártela. Pero nada más te diré algo, cuídate y corre. Al escuchar esas ultimas palabras, Ryan no esperó más y corrió hacia la salida, como si no hubiera mañana. Cobarde, pensé. —¿Por qué lo dejaste ir? Lo traje para que lo mataras —soltó con desánimo. —Tranquilízate, igual me vengaré cuando menos lo espere. —No esperaría menos de ti —estiró su brazo para chocar los cinco conmigo. Sin embargo, luego de que su mano hiciera contacto con la mía, alguien junto a nosotros se aclaró la garganta. Había olvidado que Malkon estaba ahí. —Sin contactos, por favor. —Cómo quieras —rodé mis ojos, cruzándome de brazos. —Perfecto, ahora, ¿comemos juntos en el almuerzo? —todos asentimos—. No se lo dije a ustedes, estoy hablando con Noah. —¿Qué? No, claro que no —se impuso Nick—. ¿Desde cuando comen juntos y por qué? —Desde hoy —Noah dio un salto—. Y, comeremos juntos, porque necesitamos alimentarnos tres veces al día. —Pues come conmigo —tomó su brazo y la atrajo a su lugar. —A ver, si yo le di permiso a mi hermanita de que salga contigo, lo más sensato es que me dejes almorzar con tu hermana. Los Haynes éramos los mejores para encontrar una negociación. —No lo sé... —Nick meditó su respuesta—. Está bien, puedes ir con Malkon, pero no comerán juntos toda la semana. —No pensábamos hacerlo —Noah rodó los ojos—, pero hoy iré a ver una película en su casa, la misma en la que tú vives. Nick se preparó para debatir. —Vives ahí —comenté, abogando por ella. —Bien, pero si decido ir a ver la película con ustedes, no habrán problema —concluyó—. ¿Entendido? —¡Si! —Noah saltó a abrazar a Nick—. ¡Quedó muy entendido! Eso, como todo acto, traerá una consecuencia. Tal parecía que no habría solo dos personas saliendo en casa.
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