Los domingos no son el día favorito de nadie. O al menos, cuando estás completamente sola, la vida te sabe a soledad y te sientes lo suficientemente invisible como para sentirte nada en el mundo, aunque no te gusta sonar como que le estás reclamando a Dios. Me encargo de ordenar todo en mi piso, limpio cada una de las esquinas, recojo el desorden que dejé en la cama, y todo se ve impecable después del paso de aproximadamente una hora y media de trabajo. Se siente como haber purificado algo dentro de mí haber limpiado el sitio donde vivo. Y el cual posiblemente, tenga que abandonar en unos meses, no tengo cómo pagar este lugar, tendré que mudarme a un lugar más acorde a lo que gane en el empleo que aspiro encontrar. No voy a aceptar dinero venidero de Melba, quiero que disfrute su vid

