Un par de tropiezos, pero llegué.

1847 Palabras
—Huele usted muy bien, señorita. —Irrumpe un chico que parece tener dieciséis años y que está a mi lado en el metro. Ahora que lo pienso bien, debí tomar un taxi para aparecerme en la casa de Vanko... Sin embargo, los gastos de la mudanza, la universidad, mi ropa nueva y mi cuidado del cabello, me han dejado en lo que queda de mes en bancarrota, no soy la chica millonaria que puede permitirse lujos todo el tiempo que aparece en las novelas que suele ver mi madre. Solo soy guapa, no se pudo ser rica también. —De verdad, nunca había tenido el gusto de oler un perfume tan delicioso como el suyo, señorita... —, provoca quedarse pegado a usted todo el tiempo, ¿puedo acercarme un poco más?—Me aborda nuevamente el adolescente hormonal. —Déjame en paz, niño, termina de crecer y deja de acosar. —, eres muy abusador, ve a buscar a tu madre y déjame en paz, mugroso. —Le digo con molestia y me levanto del asiento para buscar otro que esté libre. El chico se encoge de hombros y yo le saco el dedo del medio. Me siento justo al lado de un señor de unos setenta años que parece adorable, trae puesto un sombrero que le hace ver muy mono. —Que bonita es usted, niña. —, y huele muy bien. —Me saluda y hace un gesto con los ojos. ¡Maldita sea! Todos van a notar mi perfume... Espero Vanko no sea la excepción. Por suerte, lo he traído en la bolsa... Para volver a aplicarme apenas llegue a su casa. Ya que de tanto trajín, es probable que cuando yo logre llegar, ya no huela a nada. —Gracias, señor. —Le contesto al viejo que me acompaña, mi intención era ser amable y tener una conversación como la gente normal quizás, sin embargo, el hecho de que dijera de forma sugerente que yo olía bien, me incomodó. —¿A dónde vas tan bonita y malhumorada?—, tienes unos ojos preciosos y muy azules, y tu cabello es radiante... —, que alegría poder uno ver chicas tan bonitas todavía a mi edad. —Dice con tono lastimero y toma un pañuelo de su bolsillo y se seca el mentón. —A ver a mi novio por su cumpleaños. —Le respondo con sequedad. —Oh, que hombre tan afortunado de poder disfrutar de una perla como tú. —Responde con gesto atolondrado. Yo asiento y me esfuerzo por mirar por la ventana, no quiero seguir encontrándome con su mirada fisgona e incómoda. Al llegar a la parada más cercana de donde vive Vanko, me bajo. Ningún transporte llega directamente a su destino. Por lo que... Me tocará caminar aproximadamente ochocientos metros para llegar directamente a su casa. Camino con ligereza, y me tropiezo con una señora de mediana edad a la cual le sonrió con amabilidad y ella choca conmigo y mi cartera cae rodando en el piso. La recojo con sumo cuidado y la señora se voltea y me grita con enfado. —¡Procura ver bien lo que haces, idiota!—Exclama con furia y sigue caminando mientras se arregla las mangas de su blusa floreada. —¡Pero fue usted quién me chocó!—Le respondo aturdida. —Cállate estúpida intrépida. —, ya no respetan ni lo que dice una persona mayor. —Grita de vuelta y acelera el paso. Honestamente, nunca voy a entender la manía de algunas personas adultas mayores que sienten que los más jóvenes les debemos un absoluto respeto tan solo por su edad... Incluso, cuando son ellos los que han insultado o los que han incurrido en una falta. Cada idiotez que cometemos, lo asocian con nuestra edad... Como si no variaran diversos factores al momento de cometer un error. Y que independientemente de la edad que tengas, puede suceder. Sigo caminando evitando pensar demasiado, no estoy demasiado acostumbrada a andar a pie por lo que caminar no es una de mis actividades favoritas... Me hace sentir constantemente insegura, como si de un momento a otro fuera a estallar un arduo combate y yo estaré en el medio... O como si de un momento a otro, fuera a parar un auto justo a mi lado y me obligarán a subir, me raptaran, y le contarán a mi madre el camino que yo estaba tomando... ¡Eso es lo que me da más susto! Si la doctora Melba, mi fúrica madre, se entera del camino que voy emprendiendo me va a matar primero que unos secuestradores... Y al pensar en mi mamá, me recuerdo que no la he llamado hoy, y eso la enloquece. Y después de la fiesta que daré con Vanko en la cama. ¿Tendré ánimos para llamar a mi mamá? Por lo que mejor... Hago una parada breve para llamarla. Y así descanso un poco para no llegar con la entrepierna sudada. Su teléfono no repica ni siquiera dos veces cuando de forma inmediata atiende la llamada. —¡Hola mamá!—Saludo con tono entusiasta. —¡Nyura, estaba preocupada por ti!—, ¿por qué no me respondes al w******p?—Me reprende. —Estuve en clases hoy, mamá. —, y me dejaron muchas tareas, por lo que me resultó imposible poder llamarte, lo siento. —Miento y siento una especie de culpa amenazar a mi estómago. —Oh, querida. —, no sabes cuánto te extraño, espero tener un hueco en mi agenda para verte pronto. —, ¿está una de tus amigas quedándose contigo?—, no olvides tus horarios de la comida, sacar la basura, y cuidar muy bien de ti, eres mi tesoro más preciado, mi amor. —Asegura mi madre y su voz se quiebra. —No te preocupes tanto por mí, mamá. —, todo está muy bien... He estado viendo a Lisa en la universidad, y he comido con ella el desayuno, aún no he almorzado porque estoy muy ocupada... —, y todo está bien, quiero que estés tranquila, ¿vale?, puedes aprovechar el tiempo y conocer a alguien... —, puedes conocer al amor de tu vida en mi ausencia. —Le digo con ánimo, nada me haría más feliz que ver a mi madre rehacer su vida. —¡Qué cosas dices Nyura!—, no tengo ningún interés en ningún hombre, mi vida es lo suficientemente estresante para conocer a un miserable que me amargue la vida a estas alturas y me robe el tiempo... —, soy feliz con mi trabajo y con tener la hija más maravillosa e inteligente del mundo. —, estoy muy orgullosa de ti, cariño. — Que pena siento cuando mi madre me elogia... Llevo tantos meses mintiéndole respecto a la relación que tengo con Vanko... Ella me prohibió volver a verle... Y yo... Por supuesto no lo he hecho. —Te amo mamá, tengo que dejarte, estoy abrumada con las obligaciones de la universidad, te extraño, un abrazo grande. —Me despido sintiéndome una persona miserable por ser tan mentirosa. —Te amo mucho más, mi princesa. —, cuídate y mantenme al tanto de cualquier novedad en tus días, no dejes de llamarme Nyura, me tienes con el corazón en la boca cuando no me respondes los mensajes. —Me responde con afabilidad y cuelga la llamada. Mi madre siempre ha sido una mujer dulce, sin embargo... Al momento de aplicar correctivos, es despiadada y sin ningún tipo de contemplación... Cuando se enteró de los vicios de Vanko, me dejó encerrada por una semana. Y a pesar de que lloraba cada vez que entraba a darme de comer, no me dirigía la palabra... Nunca se ha explicado cómo puedo permitir que mi novio consuma esas cosas y yo no sé lo prohíba... Y yo... Realmente no sé qué decir al respecto. Él nunca ha tenido una conducta agresiva, o preocupante mientras lo disfruta. Por eso me ha dado igual. Tampoco lo hace delante de la gente, quizás sí mi madre tiene razón y es reprochable... Pero... Hemos tenido tantos problemas por su falta de interés hacia mí, sus celos enfermizos, y su manía de acusarme de serle infiel con todo el mundo, que el tema de sus adicciones no es precisamente algo de lo que hayamos tenido tiempo para hablar. Entre tantas divagaciones, termino por llegar al sitio donde reside Vanko. Siento las piernas flaquear de la emoción... Hoy es un día muy importante para ambos. Después del sexo, que será la vela del pastel... Quiero que hablemos de nuestro futuro juntos, y de mi deseo de que haga todo lo posible por volver a ganar la confianza de mi madre, me siento una terrible hija sabiendo que estoy haciendo todo lo que mi madre detesta que haga, mentir... Uno no debe mentir a las personas que ama. Entro con cuidado a la residencia y el vigilante me saluda con la cabeza, ni siquiera me pregunta a donde me dirijo porque suelo frecuentar la casa de Vanko... Cuando su madre no está, la mayoría de las veces. Estoy segura de que Bogdana no está aquí hoy, ha salido a ver unos inversionistas con su esposo, y aprovechará de comprar un par de pendientes para la fiesta que dará para Vanko... Y no puedo evitar estar emocionada también por ello... Siempre nos divertimos en sus cumpleaños, bailamos y disfrutamos... Y cerramos con broche de oro metiéndonos a su habitación. Aunque, este año la situación que estamos enfrentando con mi madre y nuestra relación a escondidas... Hace que todo sea limitante, mi madre es muy conocida en esta ciudad, en Kiev, y en todos lados que frecuentamos. Espero todo pueda mejorar. Decido mirar si hay personas observándome, tengo esa mala costumbre... Siempre creo que hay una persona acechando cada cosa que yo hago... Al asegurarme que nadie me está mirando, yo salto el pequeño balcón que está en la casa de Vanko, me esfuerzo en no tocar ninguna de las macetas con mentas y Aloe vera que están plantadas, ni los adornos que ha colocado Bogdana para tener una vista más bonita que la de sus vecinos. Por una pequeña rendija que conozco perfectamente, y que me da vista a la sala de estar, noto que no hay nadie ahí... Así que podré quedarme desnuda, colocarme el dilatador, e ir directamente a tocar la puerta de Vanko. No me toma demasiado tiempo en rodar la puerta que conduce a la sala y de forma sigilosa, yo entro al baño. Me vuelvo a perfumar, esta vez de modo un poco más exagerado. Y paso a quitarme la ropa, quedándome solo con unas brillantinas en mis pezones y me esfuerzo y aguanto el dolor de meterme la puta cola en mi culo. Me encuentro emocionada. Y complacida de ver el resultado de mis locuras... ¡Vanko no se podrá resistir! Toco la puerta de su habitación con un pequeño toque discreto. La anticipación me carcome.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR