PODER

1021 Palabras
Rodríguez le agarró gentilmente el hombro para calmarlo; lo miró a los ojos con una sonrisa falsa, para invitarlo a hablar en privado con dos señores que él nunca había visto. Se apresuraron a entrar a un salón privado donde el hombre que se veía más mayor que todos debido a su cabello blanco, que también era el más alto de los cuatro, fue el primero que se presentó, haciendo reverencias: —Señor Estiben, es un gusto conocerlo, mi nombre es Boros, soy dueño de Gens, la mayor productora de armas a nivel mundial y alto consejero para La Paz en la organización de los países mundiales; sepa que lo admiro mucho y tiene usted todos nuestros recursos a sus servicios. Acto seguido procedió a presentarse el otro señor; este tenía aspecto de bonachón con unos anteojos muy grandes: —Yo soy Billy, también soy dueño de la compañía más grande encargada de manejar el mercado de acciones, además de ser el secretario de la unión de tropas militares; de igual forma reitero también mi admiración; estoy para servirle en lo que sea. Estiben, abriendo los ojos y moviendo torpemente las manos; uso su gran don diplomático del habla: —Esperaba recibir el apoyo de los presidentes, aunque les agradezco muchísimo, pues me urge traer a una amiga de ese sitio para que sea atendida en el mejor hospital de acá. El emperador trató de contestarle, pero fue interrumpido por Boros, quien movió las manos imitándolo, tal vez para burlársele o pensando que esta era la manera de expresarse de los de esta región. Le dijo: —Señor Estiben, los presidentes son temporales, nosotros no; es cierto, ellos tienen mucho poder, aunque siempre tienen personas más poderosas detrás de ellos. Es como dicen; hay quienes mueven los hilos en las sombras. Billy asentó con la cabeza, y habló para complementar la frase: —Desde luego, se necesitan los presidentes, para que los pueblos supongan que pueden decidir quién los mande; eso es democracia, da ilusión de libertad; ten por seguro que hacer tratos con hombres como nosotros pueden ser mucho más duraderos y fructíferos. De nuevo, el anciano Boros lo complementó: —Es cierto, lo de los presidentes es un asunto complicado, aunque se puede resumir como todo. Es un negocio más de poder económico, que no es lo mismo que el dinero, ya que el primero es la capacidad de transformar, producir y controlar al segundo. Cuántas veces se ve dinero de algunos países que no vale ni el papel en que está impreso. Billy, moviendo los brazos como un titiritero, trató de complementarlo: —Por supuesto, la democracia tranquiliza un poco más a las personas. Tal vez la idea de elegir o que sus gobernantes no son perpetuos como en una monarquía los lleva a que se subleven menos, cuando muchas veces los candidatos así abanderen el cambio no son más que marionetas que están controladas por los mismos individuos, quienes muchas veces financian las campañas de ambos lados. Es jocoso ver cómo la gente común pelea entre ellos por sus futuros presidentes, para saber que al final, aunque un candidato puede decir que quiere ayudar al pueblo, solo se ayudará a él y a sus allegados. Rodríguez los miró un poco rayado, aunque la risa se le escapó, y con la cabeza afirmando les declaró: —Si a veces el poder es solo una ilusión, mírenme; yo trabajo 20 horas al día, intento que este país salga adelante, miro todo lo que he logrado, sin embargo, ahora se unieron todos estos presidentes con el único fin de frenar mis aspiraciones. El anciano Boros lo miró con una sonrisa falsa, limpiándose las uñas en la solapa del traje para contestarle: —Ese fue tu problema, se te olvidó el guion, te creíste todopoderoso, te investiste el título de emperador, empezaste una exitosa carrera conquistadora, tu territorio creció 10 veces, no le veo la utilidad, eso te dará más trabajo. Lo que sí me cuesta conceptuar es que pensaste que las grandes potencias no se verían amenazadas. A hombres como nosotros no nos importa, nosotros hacemos plata en guerra o paz, en democracia o en dictadura, como sea, más estas naciones ven sus soberanías amenazadas y, por supuesto, como tú no tienes un poderoso Arsenal militar, ojalá nuclear, no tienes muchas opciones que de frenarte para que diplomáticamente puedas negociar, así ganar lo que más puedas. Sin embargo, yo sí estimo que la idea de gobernar a todo el mundo es muy egocéntrica y demandaría mucho trabajo. Yo personalmente preferiría estar en una playa con muchas hermosas mujeres, licores y drogas. Esteban comprendió que ellos estaban muy tomados para decir este tipo de comentarios, así que aprovechó para saciar algunas preguntas: —¿Es verdad que ustedes financian guerras en países con muchos recursos, para así poder comprarles productos baratos y venderles armamento? Billy se rio a carcajadas, agarrándose la barriga; Boros le contestó en seco: —De ser de esa forma, eso sería un negocio muy rentable. Estiben se dirigió al emperador Rodríguez con gran angustia para susurrar, porque desconocía que tanto sabía esta gente de su aventura en la otra dimensión: —Señor, por favor, necesito mucha ayuda; tengo que ir por la doctora Yací. Rodríguez agachó la cabeza tratando de pensar qué le convenía decirle; por último decidió decirle la verdad: —Lo siento mucho, Estiben, por lo que te voy a decir. Resulta que unos hombres violentos, armados, ingresaron en el hospital donde estaba ella y se la llevaron, la secuestraron; eso fue lo que me contó Pólux, quien no sé si será rey o presidente; aunque todos se le refieren como «líder», ese mundo es una cosa de locos. Estiben, apretando los puños con rabia, sin querer creer que eso fuese verdad; con muchas lágrimas le contestó: —Locos e incompetentes, al igual que mucha gente de aquí. ¡Maldita sea!, eso debió ser a lo que se refirió Altares, ¿ahora qué voy a hacer? Los otros tres respondieron en coro: —Tranquilo; para eso estamos nosotros, para ayudarte en todo lo que quieras.
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