ACORRALADOS

1123 Palabras
El imponente sol se asomaba en el cielo azul, los pajaritos cantaban las bellas melodías matinales, los primeros rayos del amanecer revelaban a una gran cantidad de hombres armados entrando a la choza donde estaba Estiben junto a la esposa y el querido cuñado, afortunadamente ellos ya llevaban una hora de camino. Cada uno, motivados por diferentes razones, andaban con el paso presuroso, aunque un poco tranquilos, pues estaban buscando por todo el pueblo a dos hombres, así que nadie sospecharía de dos mujeres con un macho, quien se encargó de negociar los pasajes del pequeño barco que los llevaría al aeropuerto. El tramposo de su cuñado, curtido de experiencia en huidas, hacía que se cambiaran de vestuario muy seguido, evitando que los recordaran de manera fácil. Cosa que funcionaba de maravilla, ya faltaban pocos metros para llegar a su destino, ya podían divisar las colas de las aeronaves en la pista, cuando de la nada apareció una pequeña embarcación que bloqueó el camino, de donde saltaron unos hombres fuertemente armados y con caras siniestras, diciendo: —tranquilos, solo vinimos por un hombre que está disfrazado de mujer, a los demás no les pasará nada. Estiben se contrajo, al mismo tiempo que su asma contraía a sus bronquios, se preguntaba ¿cómo era posible que los hubieran encontrado? ¿Por qué tanta mala suerte? ¿Acaso su cuñado al fin fue capaz de traicionarlo? Abordaron después al jefe, el cual era transportado en una especie de cabina real, quien al salir le apunto con una vieja pistola a Estiben, quien a pesar de su excelente disfraz lo reconocía, ordenando su arresto. El científico intentó lanzarse por la borda, pero dio un mal paso y se le rompió un tacón por no saber manejarlos, lo cual provocó que cayera de bruces, mostrando sus feos calzones rotos. Así, entre risas, pena y terror, fue capturado y conducido frente al jefe, quien de nuevo entró a su oficina móvil, donde se pudo evidenciar que cojeaba como un subibaja, y con su pesada voz le dijo: —hay alguien que te quiere ver muchachito de risa loca. Acto seguido, saco una misteriosa caja por donde salió un horrible ruido, algo familiar, que sonaba así: —saludos, Estiben, te felicito, tienes una vida muy movida, llena de aventuras. Lástima que no me puedas ver, porque te he acompañado todo tu camino. Ya descubrí porque el idiota de Pontón se obsesionó contigo, eres enigmático, aunque francamente no sé si eres muy inteligente o tienes una suerte rarísima. Me hubiera gustado conocerte mejor, hasta pudimos haber llegado a ser los mejores amigos. Lástima, yo te ofrecí mi amistad, en cambio, tú me pateaste la cara, sé que eres un científico muy valioso, pero no puedo dejar vivo a alguien que se burla del gran líder supremo Altares, ósea yo. Maldita sea era Altares el que invisible por la diferencia de frecuencia dimensional, lo estuvo siguiendo y que revelaba su posición; pensar que Estiben por poco le entierra un cuchillo a su cuñado creyendo que lo había traicionado vilmente. Estiben se acomodó el vestido, los calzones le fastidiaban, miró a todo el alrededor reflexionando cómo salir de esta situación para finalmente preguntarle a la caja: —¿solamente me gustaría saber cómo les vas a pagar a estos mercenarios, si Pontón, tu socio, está muerto y no tienes manera de pasar de dimensión? En cambio, yo sí les puedo pagar muy bien, ya que estamos en el mismo plano. Los mercenarios se miraban los unos a los otros, esperando a ver quién se amotinaba primero. Adelantándose a eso, el jefe cojo saco otra vez su arma apuntándole de nuevo a Estiben, esta vez se la pegaba en medio de las cejas, quien inesperadamente tuvo una muy buena reacción. Tal vez debido a que no durmió o a la espectacular noche de sexo, o lo que realmente lo motivaba era su afán por ver a su adorada Yací, o quizás todo combinado, como en un coctel explosivo. Le apartó la mano del arma mediante un revés de su izquierda para luego lanzarse con un derechazo para después apretarle durísimo, la entrepierna y como un vampiro le mordió la yugular. Algunos de sus subalternos desconcertados le daban culatazos, que como con a un perro salvaje antes provocaba que ejerciera más presión en sus pinzas maxilares, el cojo le coloco la pistola en el cráneo, accionándola varias veces, no se acordaba que la mantenía descargada desde que el mismo se dio el tiro en la pierna que lo dejó lisiado. De nuevo, sonó el horrible ruido de la caja diciendo: —está bien señor Estiben, tiene razón, aún no tengo forma de pagarles, hasta que usted me dé la clave de cómo cambiar de dimensión, tranquilo lo dejaré ir, ojalá me pudiera ver para que sepa que tengo algo que le interesa mucho y que solo cambiaré por ese secreto, ya sabe dónde buscarme, lo estaré esperando. A Estiben se le enfrió el alma, ¿acaso el maldito bufón tendría a su amada? Triste soltó a su atrofiado adversario, quien se retorció en el piso de dolor, sus hombres lo rodearon, no para ayudarlo, sino para interrogarle por el pago. Esto fue aprovechado por la esposa de Estiben, quien lo jalo y junto al cuñado los tres se apropiaron del pequeño barco de los maleantes, que era más rápido para huir hacia el aeropuerto. … Al fin lograron arribar al aeropuerto, donde fueron abordados en un vuelo privado rumbo a la capital, bajo extremas medidas de seguridad, hasta que llegaron a entrevistarse con el emperador, quien muy impaciente los esperaba. Estiben al verlo otra vez, no sabía si reclamarle o voltearle la boca de un puñetazo, cosa que no pudo hacer, porque se dejó deslumbrar debido a que Rodríguez estaba en compañía de otros presidentes, incluyendo uno que admiraba mucho, al del gran país del norte. Así que le toco saludarlo muy bien para que después fuera ese mismo el emperador Rodríguez, su amo de ceremonias: —les presento al gran científico Estiben, quien con su gran inteligencia, hizo posible la tecnología que evita que nos afecten los seres de la otra vibración. Estiben sonrió muchísimo, por un momento se olvidó de sus problemas, ya que todos comenzaron a aplaudirlo, increíble hay se encontraban los dirigentes del mundo quien lo estaban homenajeando, el orgullo lo anonadaba, hasta que gracias a un codazo de su esposa, él reaccionó diciendo: —señor emperador, me alegro mucho de ver a todos los líderes del mundo libre, para mí es más que un honor, pero necesito urgente unos favores, que indulte a mi cuñado y a mi esposa; además que me coloque otra vez a cargo del laboratorio.
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