23; AFORTUNADA COINCIDENCIA

1666 Palabras
Lloro a moco tendido todo el camino, a causa de su salvador, el capitán; también lo desconsoló muchísimo el hecho de que le tocó dejarlo, hay tirado a la merced de los animales carroñeros. De tanto llorar no se dio cuenta de cómo llegó al pueblo; se fue dirigiendo al fuerte militar para solicitar ayuda, cuando una misteriosa mano lo jalo para una choza, manifestándole: —Estiben, ¿eres tú?, qué alegría verte. Era ni más ni menos que su esposa, que sonreía mucho al verlo, lo abrazaba, lo besaba como si nunca le hubiera dicho palabras ofensivas, como si nunca lo hubiese cogido a golpes. Parecía la época de novios. Cosa que ya no era así, es lamentar que después de haber durado 8 largos años juntos en donde pasaron de amarse, a quererse y luego a odiarse, para al final solo acostumbrarse… Lo que no se podía imaginar era: ¿por qué estaban aquí en este apartado paraje? Aunque eso no importaba, a él le primaba ir a donde los militares a buscar amparo, pero su esposa lo agarró nuevamente, diciéndole muy angustiada: —Tranquilo, relájate, es que el comandante de ese batallón también trabaja para los subversivos; le toca hacerlo para evitar más muertos. Estiben la mira para preguntarle lo justo: —¿Qué haces aquí loca?, en medio de la nada, y ¿dónde están mis hijos? Ella se echó para atrás, bajando la mirada. Contestó apretando los dientes: —Llegué aquí persiguiendo a mi hermano y huyendo de Rodríguez; a los niños los dejé seguros con mi mamá. Estiben se peinó el bigote con la mano izquierda; un gran bostezo se le escapó, para después seguir indagando: —¿Cómo así que el emperador los está persiguiendo?, ¿Qué le hizo su hermano, la rata asquerosa? Ella, sonrojada, hizo sonar su paladar con la lengua, creando una pausa dramática, para seguir contándole: —Sabes que siempre he tenido el don de enterarme de lo que no debo, sumado al de estar en el lugar equivocado. De esa forma fue como nos conocimos los dos, cuando caí en ese lago que tú te lanzaste sin pensar a salvarme, pero resulta que casi nos ahogamos los dos de no ser por los salvavidas, y también que el lago no era tan profundo, pues podías pararte en el fondo y alcanzar a respirar. Bueno, el caso es que primero desafortunadamente me enteré de que el presidente Rodríguez son amantes con su consejero jefe; después horrorizada vi cómo lo mató acusándolo de traidor, que dice que él fue el espía que le dio información al Portón y que él fue el culpable del atentado a la primera dama del otro día; entonces me las sentenció. Mi hermano me llamó que necesitaba ayuda, como siempre, que estaba por aquí, así que mejor me vine a encontrarlo y a esconderme del presidente. Está bien, quedo sorprendido por semejantes revelaciones cuando escucho una voz que lo saluda por detrás: —Hola, ¿cómo está mi cuñado favorito? Era el hermano de la esposa, un gordinflón con unos pocos pelos de bigote a sus extremos, dientes chuecos, mal vestido como siempre; así se hubiera tumbado mucha plata para comprar la ropa carísima que llevaba puesta. No le lucía. Se veían como andrajos, debido a su mal origen. Pero Estiben lo saludó muy bien, pues ya sabiendo que no podía contar con la ley, pues tenía que contar con este par; de todas maneras, uno siempre tiene que trabajar con lo que tiene a la mano, así que les comentó: —Me encanta, me sorprende esta hermosa coincidencia de encontrarlos aquí; sé que va a servir para poder ayudarnos, después de todo somos familia y la familia es lo primero. El cuñado sonrió maléfico, alzando altiva la cara, mirando fijo a Estiben. Les contó lo que había acabado de escuchar en el pueblo: —Escuche en la plaza principal que el gran Estiben está rumbo a la capital con un capitán. Que se quebraron al duro de los fachos; están ofreciendo un platillo por usted. Aunque lógico, somos familia y usted nos puede conseguir algo mejor como lo hizo al hacerme liberar, ¿cierto? Está fingiendo la sonrisa, le dio una suave palmada en el hombro y le contestó: —Por supuesto, cuñado, la sangre es más espesa que el agua. Ustedes saben que ahora tal vez soy el científico más importante del mundo; seguro, hasta ganaré el premio Nobel. Cuando lleguemos a la ciudad exigiré su inmunidad y haré que lo nombren en un cargo valioso; solo necesito que me ayuden a llegar allá. El vil tramposo se apresuró a contestar tapando las palabras que estaban a punto de salir de la boca de su hermana, así: —Desde luego, cuñado, la vuelta es breve; aunque toca andar muy fino, el pueblo es una calentura. Todos trabajamos para los fachos hasta las lanzas; la única ventaja es que están buscando a dos hombres. Por fortuna, ya se separó de ese gorro de lana; toca percharlo con trapos de su costilla y pegarle una buena mano de maquillaje para que se vea buena… También unas lindas mechas para que no levante sospechas, que quede severo pelo, cosa que hasta nos lleve al gratín en el barco que nos saca de estos dominios; vamos en la jugada. La esposa de Estiben abrió las manos para colocarlas como si fuera a rezar y les dijo: —Aunque ya está entrando la noche, lo mejor sería mañana partir a la madrugada. Estiben asentó con la cabeza, pero sabía que no era muy recomendable demorarse, primero que todo por la salud de Yací, segundo era posible que aún lo estuvieran siguiendo y por último sabía que su cuñado rimbombante no era nada confiable. Como se puede confiar en un individuo que es capaz de robar a su propia madre, sin embargo, era su mejor opción, pues estaba rendido debido a su complejo viaje, así que decidió aceptar la invitación de la que después se arrepentiría. … La cena estuvo mejor que bien; no podía negar que su esposa cocinaba delicioso; esa era una de las cosas que lo amaba durante esos largos años. Durante la velada hablaron mucho, recordando viejas anécdotas, como cuando intentaron colarse en el metro, pero Estiben, al saltar la registradora, cayó de cara al enredarse con la talanquera, o cuando un tenis de su esposa le fue arrebatado al cerrar la puerta del bus, provocando que siguiera su viaje coja. El cuñado propuso que para pasar un momento más ameno quiso salir a comprar unas cervezas, y con un toque suave fue detenido por su hermana, demostrando así que ella tampoco le confiaba. Al final, después de recordar y reír, se fueron a dormir cada uno en un cuarto; lo complicado es que solo había dos cuartos, así que ella decidió que los hermanos compartirían una habitación y el científico en otra, nada más alejado de sus verdaderas intenciones. Estiben decidió bañarse para dormir más descansado, pues el clima tropical húmedo lo hacía sudar como regadera. Disfrutó el agua fría, al contrario que en su casa se bañaba solo con la ducha caliente, debido, según él, a su problema asmático y al clima frío. Hasta que acabó, se dio cuenta de que no tenía toalla con que secarse. Bueno, buscaría una sabana o algo; uno no se puede varar por nada. Entonces salió desnudo en la privacidad de su habitación; nunca se imaginó que su recinto había sido violado; justo en la cama donde se suponía que iba a dormir estaba su esposa vestida con una sexi lencería. Él estaba muy cansado, pero sobre todo estaba aún lleno de resentimiento contra ella, aunque siempre le fue muy difícil pelear contra sus instintos animales que le nublaban el pensamiento y únicamente lo enviaban a poseerla. Él rápido cogió una sábana para tapar su desnudez; ella sonrió diciéndole: —Ja-ja-ja, tranquilo amor, te he visto muchas veces desnudo, mejor ven acá, recordemos buenos tiempos, démonos muchos cariñosos. Estíben se quedó viéndola, pensando en cuántas veces lo trató vilmente, para luego borrarlo todo con sexo salvaje. Ella suponía que siempre le funcionaría ese truco; no contaba con que él era un hombre muy diferente, que ahora estaba enamorado de Yací, quien era prácticamente él mismo, así que trato de decirle muy decente, tratando de no herir su corazón, pues necesitaba de su ayuda para la travesía. Sin embargo, sus palabras fueron ahogadas por las acrobacias de los labios de su esposa, quien se le abalanzó a los brazos, estrechando su cuerpo desnudo, nublando su juicio por completo. Se dejó llevar por el deseo, entregándose a la faena por completo, mientras se repetía a sí mismo que sería solo sexo, y fundieron sus almas al calor de sus cuerpos. No hubo hombre ni mujer; fueron un solo magnífico ser; no mentiras, ella fue un colchón de placer, nada más; en cambio, ella pensaba que al darle los placeres carnales lo traería de vuelta a su lado, donde no lo dejaría ir, ya que ahora se había convertido en un hombre muy importante. Mientras tanto, en la otra habitación, el cuñado daba vueltas en su cama, reflexionando en ir por alguien que le pagara la recompensa por Estíben. Se alcanzó a levantar, a arreglar, si no que al llegar a la puerta, un frío lo hizo arrepentir: por un lado, estaba el premio que este le pudiera dar de manos del emperador Rodríguez; por otro lado, estaba el de fallarle otra vez a su hermana, la única persona que aún confiaba en él. Recordó muchos fraudes que hizo y cuánto dinero había conseguido con estafas que al final para nada le sirvieron, pues cayó preso. Seguía muy pobre; ahora estaba exiliado, y más encima nadie lo quería, excepto ella, quien después de mucho tiempo, al fin, la volvió a ver sonreír, cuando se reencontró con su querido esposo, gracias a esta tamaña y afortunada coincidencia.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR