Cada vez más imponente, entre majestuoso y loco. Con las mejores ropas, lleno de joyas exquisitas, rodeado de bellas mujeres, guardaespaldas y sirvientes que le servían los más finos licores y deliciosas comidas, ya era irreconocible el “supremo emperador plenipotenciario Pólux I, señor universal, libertador de humanidades”, como ahora tocaba llamarlo gracias a que conquistó todo lo conocido a lo que él mismo denominó “invasión dimensional”. Llegó a exigir los resultados a Estiben y a su equipo; llevaba a José para que le explicara conceptos que él no conociera, aunque de antemano los científicos tenían prohibido confundir y mucho menos evidenciar alguna falta de conocimiento del líder, así que este les dijo: —Resulta que me dijeron que ya me tenían resultados, eso espero. Ya estoy cans

