La tiniebla profunda no es tan aterradora como la indiferencia de la persona amada. Otra vez en el laboratorio, solo que nunca se había sentido tanto helaje. Yací y Estiben actuaban como un par de desconocidos, hasta que él no aguantó más la situación y la confrontó: —Doctora, es increíble que después de todo lo que hemos pasado, ahora me ignores. Ella detuvo su trabajo y lo miró diciéndole: —Es que me siento muy incómoda. El científico abrió totalmente los ojos, que parecían que se le fueran a salir disparados, para preguntarle: —¿De qué? ¿Acaso porque nos juramos amor? ¿O acaso es porque eres una vil mentirosa? Muy molesta, la doctora le lanzó la herramienta con la que estaba trabajando y, furiosa, le contestó: —Tú que sabes del amor, que lo encierras en perfección, como si fuéra

