—Estás loco —dijo la morena tras escuchar el alocado plan de su hijo mayor—, no podemos buscar y adiestrar a alguien para que me supla mientras escapo con ustedes. —¿Por qué no? —cuestionó el niño, casi resignado a la negativa de su madre, pues, lejano a lo ansioso que estaba él por salir de ese lugar, su madre parecía no tener intensiones de moverse, y eso le molestaba mucho al adolescente—. A mí me parece un excelente plan. —Miteoh, no puedo salir corriendo con los hijos del rey —declaró la joven, sentándose justo al lado de ese niño para así poder tomar su mano y evitar que se alocara y terminara con los pocos adornos de porcelana que quedaban en su habitación; y es que, entre dos bebés que chocaban con todo y un adolescente con tendencias destructivas, a la pobre reina no le quedaba

