—Bien, vamos a la recamara, que aún tengo asuntos que arreglar contigo— sus palabras retumban en mis oídos, no sé que me espera.Llegamos al cuarto y cierra, la puerta detrás de mí. Lo veo serio, tal vez, algo enojado, creo que con emociones contrariadas y confusas.
—Caroline, no quiero perderte, no de nuevo — y ahí está este hombre, fuerte, imponente y energético, que se acerca a mí con sus palabras que lo desmoronan, se hace chiquito, entierra su nariz en mi cuello, y me abraza de la cintura apretándome con fuerza a su cuerpo, si no fuera porque está escondido, podría jurar que esta llorando, pero un pequeño sollozo y unas gotas son descubiertas por la humedad que siento en mi cuello.
— No sé cuándo, no sé cómo, pero va a suceder, en esta o en la otra, o en la otra, o en la otra, y hasta no se cuando esto se detenga o llegue a cambiar — mis palabras están llenas de sentimientos e ignorancia.
—¿Acaso estamos pagando algo? — me dice separando nuestras caras, para poder vernos a los ojos.
Me río un poco por su comentario, pues para mí, más que estar pagando algo, es una gran oportunidad de saber que existe el amor de mi vida, y que si todo el universo se confabula para encontrarlo, entonces eso haremos.
— Ya sé que no lo ves de esa manera, lo sé por tu mirada y tus gestos— me dice y pareciera que lee mis pensamientos y contesta la pregunta que tengo en mente.
— Creo que somos afortunamos de saber de nuestra existencia, no todo mundo tiene la capacidad de reconocer a su alma gemela— sonreímos al mismo tiempo, pero él cambia su gesto por otro más frío y de angustia.
—Pero verte morir, y morir y morir, muchas veces, ¡arrgg!, si con una sola bastó para tener pesadillas, creo que lo único que agradezco es que ninguno se queda atrás, pues sobrevivirte, sería morir en vida, me volvería loco, me quitaría la vida— abro los ojos y tapo mis labios con mis manos.
— ¡Noooo!, ¡Jamás hagas eso, jamás¡— le digo soltando un ligero grito de angustia.
— ¿y si eso detiene esto y ya no te vuelvo a ver?— le expreso mi duda y mi angustia al respecto.
Me toma de la mano y me acuesta en la cama, el hace lo mismo a mi lado, besa mi cuello, llevando una corriente eléctrica por todas mi conexiones nerviosas, centrando la sensación en mi centro de placer, provocando un gemido. Y así terminamos este momento amándonos, tratando de comunicarnos lo que no podemos decir con palabras, por que es tan fuerte o tan doloroso que ni siquiera existe la frase exacta.
La semana pasa y el tiempo para descubrir al topo se acerca, hemos decidido, cambiar la locación, no volaremos el puente, pero si las vías, exactamente a un kilómetro de distancia. Por lo que hemos decidido ir colocado los explosivos, ocultarlos en la maleza o con tierra, y el día que pase el tren, solo hacer las conexiones. Jules, Emile, Paul y yo, estamos colocando los explosivos con sumo cuidado, al terminar caminamos rumbo al lugar, donde quedamos con Jean-Luc, para ver si él es el topo. En eso vemos como se acerca Jean -Luc, como buscando algo, y al no encontrar nada, se comienza a ir, cuando una tropa de soldados alemanes lo acorrala, junto con el sacerdote, que supuestamente era contacto de Jean-Luc, lo que hace claro nuestras sospechas, sin embargo al verlo, Jean-Luc, se sorprende.
— No te sorprendas Jean, tarde o temprano te tenías que enterar, lo siento pero los alemanes pagan mejor— dice con la mejor de sus sonrisas.
— No hay evidencia de explosivos y de nadie más, vayamos a la granja, talvez y ahí encontremos evidencia— Le dice un soldado al grupo.
Nos quedamos un momento quietos para no levantar sospecha, necesitamos ver si podemos hacer algo por nuestro compañero, pero lo importante es pasar el dato del topo, pues no solo ayuda a esta sección, sino que hay una más en las afueras de Francia por el otro lado, y constantemente tiene bajas, ahora es más claro el porque.