Capítulo 16. Danielle

1682 Palabras
Observamos como llegan con las monjas y están inspeccionando todo, Jean-Luc está esposado y lo están agrediendo. Cuando no encuentran los explosivos, arremeten con el sacerdote. —No me gusta lo que veo, creo que nos has engañado — y es cuando Jean-Luc se da cuenta de lo sucedido y sabe que sin querer ha formado parte del juego, si es hábil, podrá sacar a su favor, un beneficio. —Creo que alguien ha querido pasarse de listo— dice Jean-Luc, y lo voltean a ver. —Si sabía que había explosivos, tal vez, es porque los vio, hemos sido engañados— está logrando el objetivo, los soldados voltean a ver al sacerdote. —Ni se atrevan en dudar de mí, ya saben de la estrecha relación con el comandante— el sacerdote los amenaza. Esto quiere decir que está bien. parado con los alemanes, no sé si será posible tumbar a este topo. —A mí no me consta nada, el mismo comandante, me mandó a vigilarlo, no creí que nos hiciera caer en la trampa, ¿Cómo es que no sabemos y la resistencia ya ha puesto los explosivos y esto es una distracción?— tal vez está revelando parte de la información, pero esto podría funcionar. Hago una señal y le pido regresar, tomar dos explosivos sobrantes y colocar en el puente, uno a un extremo y el otro del lado opuesto. De repente los escuchamos llegar, por lo que nos escondemos. Y vemos toda la escena, dónde matan al sacerdote y liberan a Jean-Luc, aunque está todo golpeado y sangrando, al menos está vivo. Ya que se fueron, nos acercamos a él. Lo reviso y doy órdenes de que lo lleven al dispensario. Nos encontramos sólo los dos, mientras curo sus heridas. —Discúlpame por no avisarte y usarte de carnada— le digo sinceramente. —Ahora sé qué te he subestimado— dice mientras se quejan de dolor por la curación. No digo nada, so me le quedó viendo. —Eres más que una cara bonita, sabes, pero creo que te interesa alguien más— dice esto con una voz muy pasiva, trago grueso al sentir su mano pasar por mi mejilla, estaba demasiado cerca curándolo, y no me percaté de lo que podía suceder. Te entrenan para crear códigos, hasta para matar al enemigo, pero no para esto. Instintivamente doy dos pasos hacia atrás, con mi cara de sorpresa y un poco de angustia, y me saca de mis pensamientos su risa, una carcajada maliciosa que cala hasta los huesos. —Esa mirada podría matar a cualquiera y tener ese cuerpo hace que hasta el más incrédulo, caiga en devoción, Caroline, quiero tenerte, no me molestaría compartir, si tú no dices nada, yo tampoco— mientras dice su discurso, comienza a caminar hasta arrinconarme. Mi mente está pensando en los que se encuentran afuera, especialmente Paul, y no quiero crear un conflicto, mucho menos hacer un alboroto. Con esto, tampoco estoy segura si realmente también es un topo y sólo quiere confundirnos o es un demente. Sigue su propósito, tocando mis mejillas, siento su aliento y el olor a metálico de la sangre en sus ropas. Intentan besarme, pero volteo mi cara, comenzamos a forcejear, lograr sostener mis manos y una de sus piernas está entre las mías para inhabilitarme. Muevo todo mi cuerpo, tratando de zafarme, evitando hacer el menor ruido posible, escucho sus jadeos y el movimiento de su cuerpo restregándose al mío. Logro zafar una mano y lo golpeo fuertemente en la cara, lo que lo saca de equilibrio y puedo mover mi pierna para golpear sus genitales. En eso logro captar a Paul que atraviesa la puerta a todo galope, pero logro detener al toro desbocado, calmando su sentir con mis manos en su pecho. —!No quiero volverte a ver cerca de mi mujer¡— literalmente le grita Paul, el otro se endereza después del golpe se había agachado. Se miran con odio, no sé qué pasó realmente, en qué momento sucedió, yo no provoqué nada. —Siempre te quedas con lo mejor Paul, pero un día se acabará ti suerte— Le dice muy enojado, hasta escupe sus palabras. Y se va. Abrazo a Paul, después él me revisa y trata de verificar mi estado. Pero mi gran preocupación es lo que puede hacer Jean-Luc con la información que tiene, debemos de tener cuidado o podemos terminar bajo las redes de los alemanes. El gran día se acerca, hoy en la noche explotamos las vías del tren junto con los suministro que carga. Para eso, decidimos que por aparte, antes del toque de queda, salimos a caminar, cada quien con un propósito no sospechoso. Acercándose la hora, permanecemos ocultos para evitar las patrullas. Hace frío y estamos bien silencio agachados entre la maleza. Cuando ya dejan de pasar las patrullas, salimos de nuestro escondite, y nos encaminamos hasta donde están las vías, revisamos los explosivos y todo se encuentra en su lugar, hacemos las conexiones y jalamos la línea un poco larga para escondernos y encender la mecha y salir corriendo. Eso hacemos y cuando explota exactamente cuando pasa el tren, salimos corriendo, notamos una patrulla que nos persigue, así que decidimos separarnos. Ni siquiera pude despedirme de Paul. Estoy llegando al dispensario, cuando me quedo pasmada y quieta, los soldados han arremetido contra el dispensario y tienen a Emile hincado con las manos en la cabeza y el fusil apuntando a su cara. En eso veo a Jean-Luc, bajarse del auto con el comandante y señala a Emile, lo que hace que el comandante de la orden y le disparan. Tapo mi grito con mis manos, él logra verme escondida y su mirada refleja miedo y poco a poco pierde el brillo en sus ojos. Mis sospechas se hicieron realidad, ya sea porque siempre él fue así, o por despecho después de lo que sucedió, nos ha traicionado. No creo que ningún lugar sea seguro, ni siquiera me da tiempo para ir por la radio y avisar a Londres, y Paul pienso en él, mientras estoy agachada en la maleza, tratando de averiguar que haré, mis latidos se aceleran y mi respiración es errática. Por más que mis instintos son correr a buscar a Paul, no podría, no sabría dónde ir. Cierro mis ojos y tomo una decisión, voy a la cueva donde teníamos a Liam, no todos sabían de su locación, es posible que Paul esté allí, o al menos eso espero. Llego, y lo primero que hago es juntar leña, piedras y tratar de que el clima y mis captores no me encuentren o hagan daño. Pasan varias horas, y miles de suposiciones pasan por mi mente y la mirada de Emile la tengo impresa en mi memoria, una mirada muy parecida a la de mi Paul. Escucho ruido en la entrada de la cueva, pues puse unas ramas para que sirvieran de alarma. Me escondo para no ser vista, pues no sé quién es y todo podría pasar. En eso veo a Jules, entrar herido y a punto de desfallecer, logro sostenerlo saliendo rápidamente de mi escondite, le veo una sonrisa, mi mirada va a la entrada de la cueva, esperando otra aparición, pero nunca llega. Con su ayuda, coloco cómodamente a Jules más cerca del fuego y con lo que tengo hago curación, son golpes y cortadas, nada de gravedad. Mis palabras quieren brotar, pero mi corazón duda en saber la verdad, aunque no sé si pueda vivir en la incertidumbre. —¿P...Paul?— pregunto, incompleto y casi imposible de que mi voz salga. —Yo no sé, él insistía en buscarte, pero al llegar al dispensario, vio a Emile y pensó lo peor— Lágrimas comienzan a salir de mis ojos incontrolablemente, ¿Qué hizo?. —Nos encontramos a una patrulla en el camino, y nos atacaron y comenzó a correr para desviar la atención, ya veníamos para acá, el plan es escapar caminando por los andes suizos, debemos darnos prisa— mientras me plática comienzo a caminar de un lado a otro, no puedo ni siquiera pensar, no quiero irme son saber de él, no es posible, no, no y no. —No puedo irme, no puedo dejarlo— digo de forma imperativa. —Vaya que bien te conoce, me dijo que dirías eso, pero que lo hicieras por él y por el fruto que llevas dentro ¿estás embarazada?— su pregunta me confunde. —Y...yo— estoy a punto de negar, cuando recuerdo la última vez que estuve con él. Flashback —Mi bella dama, me encanta recorrer con mis labios tu hermoso cuerpo— solo lo escucho y disfruto sus caricias. —Esto está diferente—, dice al llegar a mis pezones, los besa, toca observa. —¿Te ha llegado tu periodo? — me corta un poco la inspiración y trato de recordar, y creo que no. —Creo que no, pero es normal con el estrés— le refuto segura, la pobre ilusa, al parecer mi amado conoce mejor mi cuerpo que yo misma. —Tus pezones, y tu abdomen se ven diferentes, tu olor es diferente, tu piel— me insiste, yo solo sonrío ante las sensaciones de sus caricias. —Si es así, no podremos saberlo, hasta que mi panza crezca— le digo con una sonrisa pícara. —Si es así, muchas cosas cambiarán— me dice en forma posesiva. Y cubre todas mis posibles palabras con sus besos. Fin del Flashback Será posible, no podría hacer esto son él, me rehúso a permanecer en esta tierra sin sentirlo. —Caroline, debemos actuar rápido, el clima puede jugar en nuestra contra— asiento al comentario, toco mi vientre y una lágrima cae. Mi bebé, no puedo sucumbir por mi bebé. Es así, como tomamos las provisiones que tenemos, y cosas para taparnos, y comenzamos a caminar, vamos uno al lado del otro, pues está ruta, fue una de las que diseñé para sacar a Liam, que casualidad que ahora, es mi escapatoria.
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