Nancy no quería despertarse. Estaba caliente, cómoda y satisfecha. Vagas imágenes de su sueño pasaron por delante de sus ojos cerrados mientras se acurrucaba en la manta más caliente y que mejor olía en la que había dormido. Y la manta se acurrucó a su alrededor. Algo cálido se apretó contra ella y abrió poco a poco los ojos para encontrarse con una cabeza de conocido pelo alborotado a unos centímetros de su rostro. Un centenar de imágenes le recorrieron la mente en ese preciso segundo cuando la realidad de la noche anterior cayó como un balde de agua fría en su cerebro. “Cristo” Aquello no habia sido un sueño. Se le aceleró el corazón cuando levanto la cabeza un poco y se encontró a un atractivo hombre enroscado alrededor de mi cuerpo. Tenía la cabeza apoyada en su pecho, su rosto a c

