CHELSEA. Solo puedo escuchar mis pasos y mi pesada respiración cuando ingreso a mi casa. Las luces están encendidas, redujeron la intensidad. Me quito los zapatos dejándolo a un lado mientras camino descalza para llegar a mi habitación. Agacho la mirada, me abrazo a mí no sin antes quitarme la chaqueta empapada por la lluvia torrencial. No avanzó porque alguien se me atraviesa en mi camino, suspiro con intenciones de pasar por su lado pero me obliga a levantar la mirada. Sus ojos marrones buscan respuestas sin saber que no lograra encontrar nada, solo un profundo dolor en medio de un mar de emociones, que me envuelve sumergiéndome. —¿Estás bien? —preguntó. Aunque indagó para encontrar cualquier indicio, falló. Esta noche está lúcido. —Estás empapada —me dice molesto. —. Podrías pes

