CHELSEA. —Hola, buenos días —levanté mi mirada topándome con su sonrisa burlona, tuve ganas de echarme a llorar, no pase en alto como me miraba con desdén. —. Soy Dakota. Con tan solo escuchar su nombre me dieron ganas de vomitar. Cerré mis ojos cuando noté como mis ganas aumentaron e intenté pararme para no avergonzarme delante de una persona que quería hacerme pasar un mal disgusto. Y no comprendía. —Pensé que tenías buenos modales, pero eres grosera —su voz revolvió mi estómago. Ignoré sus palabras. —. Cuando alguien tiene la amabilidad de saludarte, no debes quedarte callada, es de mal gusto. Me acomodé en mi lugar y puse mis manos sobre el mesón, entrelazadas. Abrí mis ojos encontrándome con su mirada, levanté mi barbilla sin dejar que esta mujer me intimidaba, tal vez puede

