Capítulo Once: Honrar a la familia.

1138 Palabras
Capítulo Once: Honrar a la familia. Enero de 1847. Solange Roussel. Han pasado exactamente dos semanas desde mi cumpleaños. Dos semanas desde que sé que puedo morir. Mismas semanas en las que mi madre casi no se ha separado para nada de mí y en las que sé ha estado sufriendo. Incluso mis hermanas me han dicho que la escucharon pedirle a papá que cancele el compromiso con el príncipe y me permita quedarme en Francia, casada con cualquier otro caballero respetable. Ante lo cual lógicamente, mi padre estuvo en desacuerdo y no aceptó de ninguna manera. Mamá no es la única que tiene miedo. Su alteza viene todos los días a visitarme, se preocupa porque hable con Jano, de que practique con él, de que trate de entender un poco más mis dones, todo por mi propia seguridad. Y Jano al igual que la princesa Elisa en su momento no responde a ninguna de las preguntas en las que de alguna manera se vea involucrado mi futuro. —¿También estás asustada al igual que mamá por la boda? —me pregunta Mélodie. Sonrío, pero es una sonrisa vacía. Porque no puedo explicarle la verdadera razón del miedo de mamá. —Solange, es normal, cuando una se casa se va a vivir a otra casa, naturalmente esa casa es dentro del país sí, pero no todos los días tienes las oportunidad de volver princesa de otro país. —Sé que cuando alguna joven se casa siempre se muda de casa, pero no es eso lo que le produce miedo a mamá. Sabes que nuestra madre siempre ha sido muy apegada a nosotras. —mi hermana asiente. —Mamá lo entenderá. Al final y al cabo el compromiso se hizo oficial, somos una casa seria y respetada, mamá pensará en eso también en caso de que aún desee cancelar tu compromiso. —suspiro asintiendo. —¿Has bsucado ya opciones para tu vestido de dama de honor? —ella se levanta de un salto. —Sí, lo he hecho pero no quiero opacar a la hermosa novia que tienes que ser. —Nunca lo harías, Mélodie. Charlo un rato más con mi hermana y luego cada una se retira a realizar sus propias labores. ... Como casi todos los días, todas las tardes, Jano está junto a mi en el saloncillo del té de mi madre, tratando de ayudarme a entender mis dones y la magnitud del poder de estos, pero no logro concentrarme. El miedo siegue estando allí. Sigo con ese pensamiento en la cabeza y mientras no lo abandone no podré seguir. —¿Señorita...? —la voz de Jano, me saca de mis pensamientos. —Disculpe, no me siento tan concentrada estos días. —¿Está preocupada por su boda? —niego con la cabeza. —Estoy preocupada por lo que pueda ocurrir luego de la boda, si es que mi madre no logra convencer antes a mi padre de que ese matrimonio podría llevarme a mi muerte y por tanto no debe llevarse a cabo. —La duquesa es una mujer de buen corazón y sus hijas con su vida, más allá de cualquier cosa, ella no soportaría perder a ninguna de ella, estén o no a su lado. —suspiro, preocupada. —¿Realmente puedo correr tanto peligro...? —la pregunta es incredula aún. —Es algo un poco complicado, señorita... —No, no quiero que me diga eso y al final evada la pregunta. Quiero una respuesta concisa, no he podido dormir como debo desde el día de mi cumpleaños. Necesito saber a qué peligro exacto me enfrento y cómo puedo tratar de vencerlo. —él se mira orgulloso. —Espero de todo corazón que quienes la eligieron para continuar con su linaje y darles otra oportunidad no se hayan equivocado y que sea lo que sea que tenga que superar, resulte solo una broma o una anécdota para después. —respiro profundo. —Pero en mi sueño... —En su charla con la princesa Elisa... —corrige. —En mi charla con la princesa, tenía tanto miedo mientras corría, estaba aterrada, más allá de un simple y sencillo miedo. —trato de explicar. —No puede esperar saber algo que no es posible... —Pero, ¿por qué? —él frunce el ceño sin entenderme—. Todos me dicen que hacer, cómo hacerlo y por qué hacerlo, pero entiendo porqué nadie me puede decir lo que necesito saber. —Su frustración es comprensible, pero así como tiene que ser. —Si llego a tener un hijo, ¿qué tanta probabilidad hay que dé a luz una nueva hija del sol? —cuestiono con curiosidad. —Si es su destino ser la madre de las siguientes hijas del sol, entonces así será, querida señorita. ¿Continuamos con las clases? —sacudo la cabeza asintiendo. ... Es el sexto vestido de novia que me pruebo en el día y ya me ya me siento cansada. —¿Solange? —observo a mamá apenas me llama. —Dejemos esto por ahora, por favor... —le pido. —¿Te sientes mal, hija? —niego, bajándome de taburete donde estaba subida. —Estoy agotada, mamá... —explico y entonces ella asiente. —De acuerdo, salgan de la habitación y llévense los vestidos, continuaremos más tarde o mañana, me quedaré con mi hija. —ordena mi madre y Marie comienza a sacar a las criadas de la habitación—. Los vestidos que ya se probó dígale a la modista que tiene que apretarlo un poco más de la cintura. Dicho eso, Marie y las otras dos criadas que estaban dentro de la habitación salen y cierran la puerta detrás de ellas. Entonces me derrumbo sobre la cama. —¿Te molesta algo más...? —me incorporo para poder ver a mi madre. —Lo mismo que a ti, madre. —susurro. —¿Crees realmente que puedas morir cómo en tu visión? —hace la pregunta muy a pesar del pánico que se siente en su voz. —No sé exactamente que vaya a suceder mamá. Pero sé que en sueño o lo que haya sido, sentí más miedo que en cualquier otra situación en mi vida. —mamá se sienta a mi lado y me abraza contra su pecho. —No es tu obligación tomar algo que no desees, podemos evitar el compromiso con el príncipe si ese fuese tu deseo. Podemos oolvidarnos de todo el asunto de la hija del sol, yo podría convencer a tú padre de eso... —su voz se quiebra al final—. Eres mi milagro, no necesitas ser el de nadie más, no quiero perderte. No lo digo nada más, solo dejo que mi madre cuide mí después de nuestra conversación por unas horas más.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR