Capítulo Diez: Un camino que seguir.
Enero de 1847.
Solange Roussel.
Elisa.
Es el nombre de la primera hija del sol que pisó el planeta, ella a diferencia de su hija y del resto de hijas del sol —incluyéndome por supuesto—, no tuvo un nombre típico francés o que tuviese que ver algo con el linaje divino que comenzó con ella.
El día que soñé con ella obtuve más dudas que respuestas, pero tuve una sensación que nunca podré describir y extrañamente es la misma sensación que percibí en el momento en que este caballero que llegó de manera imprevista a casa, colocó ese broche sobre mi mano izquierda.
Pues, el broche tiene la forma de la misma flor que llevaba bordada Elisa en su vestido, durante mi sueño.
Era la única flor, el resto de su vestido era de un color azul claro llano, sin ningún otro tipo de atractivo que no fuera esa flor bordada en la parte final de la falda del vestido.
Los guardias intentan sacar al hombre de la casa, pero doy un paso adelante, hacia él.
—No, déjenlo, puede quedarse. —al decir aquello es obvio que mi padre esta juzgándome más allá de lo que espero con la mirada.
—¿Solange, estás bien...? No conocemos a este hombre, pero él sabe que... —interrumpo a mi padre.
—Por favor, pídale a los guardias que se retiren. —papá pestañea sin comprender lo que digo.
—Debería escucharla, su excelencia, le aseguro que este caballero debe de tener algo interesante para decirnos. —me apoya el príncipe Théo.
—De acuerdo. —suspira, se voltea hacia los guardias y les hace una seña con la mano para que se retiren del salón—. Ahora, señorita, dime que está pasando.
—Yo podría... —el caballero aún desconocido trata de hablar, pero papá lo calla.
—Estoy hablando con mi hija, fue a ella a quien le pedí explicaciones, a usted aún no. —sentencia.
—Esto, este broche, es un regalo de la princesa, es decir, de la primera hija del sol. —papá me mira como si me hubiera vuelto loca.
—Solange, hija, no deberías de ser tan... —el caballero interrumpe a mi padre.
—Su hija, excelencia, no es ingenua, está diciéndole la verdad. Su alteza, que en paz descanse, me envió aquí por y para cuidar y guiar a su nueva descendiente. Pues hoy inicia el verdadero camino y desafío de una hija del sol. —explica, causándome un poco de curiosidad.
—¿Cómo sabes que no está mintiendo, Solange? —indaga preocupada mi madre.
—Porque esta flor, esta azalea, era la única flor que llevaba bordada, Elisa en su vestido, el día que soñé con ella. —explico.
—¿Elisa? —asiento.
—Es el nombre que le dieron los duques de Alsacia a la hija que el dios sol y la diosa luna le otorgaron. —mi padre frunce el ceño, sin entender completamente que es lo que digo—. Aunque he de admitir que me causa un poco de curiosidad, ¿los duques sabían el origen del nacimiento de la princesa?
—No, ellos no lo sabían. Su alteza recibió el mismo regalo que usted en su décimo octavo cumpleaños, pero ese fue de parte de sus abuelos paternos y en lugar de ver a su padre después de la muerte, ella tuvo la bendición de ver a su madre. —explica.
—Entiendo... —respiro profundo—. ¿Su nombre es..? —consulto levantando una poco una de mis cejas.
—Mi nombre es Jano, señorita y soy quien la primera princesa envió para ayudarla cuando las cosas se dificulten. —se presenta.
—Señor Jano. ¿Cómo podemos saber que diciéndonos la verdad?
—No creo que sean necesarias más pruebas para corroborar mi identidad que el broche que le entregué a la señorita... —mi madre llega hasta mí, me quita el broche de las manos y lo examina.
—Esto no significa nada, esto cualquiera podría comprarlo. —menciona mi madre levantando un poco la voz.
—Estimada duquesa, comprendo la desconfianza, le costó bastante que la señorita Solange naciera como para perderla por confiar en la persona equivocada. —Jano le quita el broche de las manos a mi madre—. Solange, deme su mano. —confío y me acerco hasta colocar mi palma sobre la suya, con el broche en medio—. Ahora usted, príncipe Théo. Pero coloquela debajo de la mía. —su alteza obedece, y en cuanto lo hace, su cabello cambia de color nuevamente, como aquella vez en el salón privado de papá.
—¿Otra vez? Pero no toque su... —la sangre sube a mis mejillas haciéndome callar.
—Ahora retire su mano, señorita. —indica él.
Al sacar mi mano de encima de la su alteza, el broche que antes tenía la forma de una azalea ahora tiene la forma de una margarita.
—Pero... ¿por qué esa flor?
Mientras más la miro menos sentido tiene, esa no es mi flor favorita, mi... —su alteza me interrumpe.
—No es por ella, es por mí, ¿cierto? —pregunta con seriedad hacia Jano y este último asiente.
—¿Por qué? —el príncipe Théo toma mi mano nuevamente y la levanta, dejando frente a mi rostro, el anillo de compromiso que él me obsequió.
—La piedra del anillo tiene tallada es una margarita, la flor oficial de mi país, seguramente el broche tiene algo que ver con los dos... —suspira algo agotado.
—¿Está bien? —él asiente, pero no me lo creo, no luce bien—. Jano, usted...
—En su momento ambos sabrán el porque de este obsequio, pero por ahora, es de la señorita. Entregueselo. —le ordeno y su alteza lo hace sin protestar.
—¿Entonces usted va a quedarse aquí? —le pregunta mamá arrugando el entrecejo.
—Oh, no, no, yo no necesito un sitio físico donde quedarme, duquesa, no será necesario que se preocupe por eso. —mamá accede poco convencida.
—¿Significa que en realidad es algún tipo de ser celestial o algún ente? —inquiere el príncipe mientras se cruza de brazos.
—Así es. —Jano se acerca a su alteza y lo examina de cerca, bastante cerca diría yo—. La princesa Elisa hizo una elección increíble. ¿Cómo descubrió su relación con la señorita Solange antes de que yo apareciera? —suena tan asombrado como contrariado.
—Prefiero guárdame mis métodos, creo que no debería desconfiar de mí, después de todo vio con sus propios ojos que soy la pareja de la señorita y no un impostor. —Jano sonríe y hace una reverencia, una llena de admiración ante su alteza.
—Mis más sinceras disculpas, su alteza. Entenderá que de mí también depende la seguridad de la señorita, no puedo arriesgarme a dar información a alguien que pueda representar un peligro para ella. —entonces intervengo.
—¿Puso a prueba a su alteza? —sin tener intención de hacerlo, sueno más indignada de lo que espero.
—Lo lamento, señorita es algo que... —el príncipe levanta la mano interrumpiéndolo, mientras se acerca a mi.
—Mi futura esposa solo se preocupa por mí, ¿cierto cariño? —parpadeo varias veces nerviosa y poco acostumbrada a las bromas de esta clase que hace el príncipe.
—Puede por favor no decir ese tipo de cosas a mi hija, en frente de nosotros... —se queja papá miran hacia otro lado.
—Pero si mi princesa... —se calla cuando mi padre lo observa como si fuese capaz de matarlo.
—Solange, ¿por qué nunca mencionaste que soñaste con la duquesa Elisa? —papá no deja de mirar mal al príncipe mientras realiza su pregunta.
—Porqué no creí que fuera necesario, ella me dijo que lo que había soñado era un fragmento de su alma, de algo que ella había vivido seguramente... —Jano hace un sonido con la boca llamando la atención de todos y haciendo que deje de hablar.
—Se equivoca en algo, señorita. —levanta un poco la voz, pero sin ser grosero—. Usted no vio a la princesa Elisa durante un sueño, su “sueño” sucedió realmente, la princesa, o bueno, su alma, estuvo en está casa y lo que vio y vivió, no solo fue un fragmento de la vida de la princesa, también fue parte de algo que le aseguro sucederá en el futuro. —frunzo ceño ante sus palabras.
—¿Quiere decir que voy a huir de alguien en el futuro y terminaré muriendo por la caída desde un acantilado? —si ya sentía miedo antes de realizar la pregunta, mi pánico incrementa cuando Jano no responde.
—¿Qué estás diciendo, Solange? —mamá parece impactada pero incredula en lugar medida.
—¡Respóndame! ¿Voy a morir? —Jano suspira tratando de calmarse, cosa que ahora yo no puedo ni siquiera consentir hacer.
—Lo que vio no necesariamente es lo que va a suceder, eso solo fue un aviso, querida señorita. —respiro profundo—. Tal vez su alteza quiera estar cerca de la señorita en este momento. —sugiere de forma indirecta.
—De acuerdo. —su alteza se coloca detrás de mi, pero cerrando su mano derecha alrededor de mi antebrazo derecho también.
—¿Recuerda las últimas palabras de la princesa en su sueño? —asiento—. Quisiera repetirlas, por favor...
—Dijo algo como: Hay ciertas preguntas que no puedo, ni tengo la libertad para responder. Pero, tienes que saber que las cuatro siempre estaremos para ayudarte. Bueno, quizás, Alba sea difícil, pero terminará haciéndolo... —Jano toma mis manos y las envuelve en las suyas, cuando lo hace el agarre del príncipe se intensifica.
—La princesa dijo eso porqué hay una prueba que persigue a las hijas del sol, a las cuatro que han existido le han ocurrido y Alba Roussel no fue capaz de superarla.
—Pero...
—Las otras tres hijas del sol se harán presentes en su vida en algún momento, puede creer que esta dormida, pero la verdad es que su alma no está en este plano de la Tierra. —sé que he comenzado a temblar, cuando el príncipe toma mi mano derecha y la acaricia en busca de mi calma.
—¿Está diciendo que mi hija corre peligro? —mi madre me aleja del príncipe y me coloca detrás de ella en gesto protector.
—Su excelencia, supuse que ambos sabrían que no hay algo bueno sin algo malo, lamentablemente ese el equilibrio del mundo, del suyo y del mío. —trata de excusar lo que sucede.
—¿Estás bien, Solange? —cuestiona su alteza preocupado.
—El bosque por el que corría, no es ninguno de aquí... —Jano asiente ante lo que sabe trato de preguntar—. ¿Sucederá en Dinamarca?
—Si las cosas no se hacen bien, así es como sucederá. Pero siempre hay una oportunidad. —indica con una paz que me causa confusión y molestia en cierta medida—. Pero debe saber, preciosa señorita, que todos, incluida la princesa Elisa tienen fe en que usted enmendara las cosas.
—...