Capítulo Seis: La primera en más de un siglo — Parte uno.

1074 Palabras
Capítulo Seis: La primera en más de un siglo — Parte uno. Diciembre de 1846. Solange Roussel. Trastabillo, cómo él puede saber siquiera de la leyenda. No ha vivido aquí, vino con la intención de buscar una esposa... O no, ¿realmente solo está aquí para tomar una esposa y luego regresar a casa o tiene motivos ocultos? El príncipe trata de avanzar hacia mi, pero mi instinto es más fuerte e intento subir las escaleras de espaldas a ellas, con tal de alejarme de él en este momento. Pero al subir el penúltimo escalón, el tacón de mi zapato izquierdo queda al filo del escalón, lo que me hace tambalearme hacia atrás, sin embargo, antes que mi cuerpo llegue a inclinarse más hacia atrás, la mano del príncipe se cierra en mi muñeca izquierda y me ayuda a recuperar la postura. —¿Se encuentra bien? —me pregunta, posando su mano izquierda en mi espalda baja. —Suélteme. —me alejo de él a la una distancia considerable y lo miro con desconfianza. —Por favor, no me mire así. —su tono de voz es calmado y por un momento reconozco una pizca de suplica en él. —¿Y cómo sugiere que debo mirarlo? —cuestiono un tanto molesta. —Puede dejar de actuar a la defensiva, no pienso hacerle daño... —lo interrumpo. —No confío en usted. —le aclaro siendo tan sincera que parece que en realidad lo estoy juzgando—. Lo lamento pero creo que... —¿Va a alejarme? —me pregunta antes de que yo pueda terminar de hablar—. ¿Por qué? ¿Por qué sé sobre lo que su familia pasa por una leyenda? —respiro entrecortado. —Debería irse. —señalo mirándolo con evidente temor. —¿Usted tiene miedo de mí? —niega con la cabeza acercándose nuevamente. —¿Qué hace? No se mueva. Si lo hace le haré saber a mi padre que... —antes de que termine de hablar sus brazos de envuelven a mi alrededor. —¿No sabe mucho, cierto? —pregunta muy cerca de mi rostro, no respondo—. ¿Sabe cuántos años exactamente han pasado desde el último nacimiento de una hija del sol? —paso saliva en un intento de apaciguar mi miedo. —¿Cómo sabe esto? Mi familia es la única tiene está información, usted no debe de saber esto. Y no debería estar tan cerca de mí. —a pesar de lo que digo, él solo parece fascinado mientras me admira de cerca, más cerca de lo que ha estado en otras ocasiones. —Es preciosa... —la frase escapa de sus labios como si no pudiera controlarlo—. Su tatarabuela, Alba Roussel, fue la última hija del sol. —dice como si quisiera convencerme de que no es malo que él sepa esto—. Y usted, es la primera luego de más de cien años, ciento cuarenta años para ser exacto... —Está mal que sepa esto. —murmuro. —¿Por qué su padre le dijo que está mal...? —cuestiona en un tono burlón. —¿Sabe que corre peligro? Sería mejor que me suelte. —trato de mentir, pero mi voz transmite todo menos la amenaza que intento infligir. —No corro peligro, de saber usar sus dones se hubiera defendido desde antes o hubiera actuado diferente en cuanto le pregunté si es usted una hija del sol. —me sonríe con ternura—. Pero aquí está, en medio de mis brazos. —sus labios se tuercen en una risa coqueta—. Se ve mejor conmigo a su alrededor. —¿Por eso me quiere como esposa? —aunque en realidad era otra pregunta la que quiero formular, esa es la primera en dejar mis labios. —Cuidado, si continua tan interesada en mi propuesta de compromiso comenzaré a pensar que está enamorada de mí y... —sus palabras se quedan en el aire mientras me suelta despacio sin despegar la mirada de algún punto detrás de mí. —¿Qué...? Padre, madre. —saludo enseguida que me volteo y los veo a ambos. —¿Se puede saber que estaba haciendo tan cerca de nuestra hija, alteza? —el tono de papá es desafiante y por la forma en la que aprieta los dientes al hablar, puedo saber que está más que enojado. —Duquesa, es un placer poder verla, como siempre. —dice el príncipe, ignorando a mi padre por un segundo. —Sin ánimos de ser grosera, alteza, responda la pregunta de mi esposo... —antes de que el príncipe diga algo, papá me toma del brazo y me coloca a su lado. —Solo paseaba con la señorita, estábamos charlando de lo que pensamos hacer cuando nos casemos, luego ella casi cae, pero pude contener la caída, por lo que tuve que pasar un poco de su espacio personal, mis disculpas por ello. —respiro profundo. —Padre. —Ahora no, Solange, mejor regresa a tus aposentos. —ordena, pero no obedezco. —Solange, obedece, ve a tú habitación. —repite mi madre. —Papá... —él se voltea y me mira en busca de una explicación—. Él lo sabe. —observo a mi madre por un segundo y ella arruga el entrecejo. —Sé más especifica, cariño. ¿Qué es lo que sabe su alteza? —cuestiona mamá. —Que su esposo desciende de la primera hija del sol que existió y que la señorita Solange es la quinta hija del sol, debería ser la octava en realidad, pero no lo es por alguna interesante razón. —fije restarle importancia a lo que habla. —Lucas... —mi madre tiene exactamente la misma reacción que yo. —¿Quién es usted? —pregunta mi padre y justificable que desconfíe después de todo, es sospechoso. —Ya he dicho mi nombre antes, excelencia. Soy Théo Hoffmann, príncipe heredero de Dinamarca. —su sonrisa antes amable se vuelve seria—. Ahora que lo sabe debemos hablar todos con la verdad. —veo a mi padre asentir. —Ingresa a la casa, por favor, tenemos mucho de que charlar. —el príncipe accede, pero antes de cruzar la puerta, me pide ingresar primero. —Hazlo. —ordena mi padre sin esperar siquiera a que solicite su permiso. Así que lo hago. —...
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