Capítulo Cinco: Primeras semidiosas — Parte dos.
Diciembre de 1846.
Solange Roussel.
A medida de que la leyenda de la hija del sol crecía más se extendían los rumores sobre como podían ser estás mujeres que habían sido bendecidas con conservar los dones de los padres de la primera.
A menudo se hacen suposiciones de como debió haber sido la vida de la primera, los que no conocen la leyenda y hablan de ello creen de manera fiel que esa princesa, la descendiente directa de aquel dios que por curiosidad bajo a la tierra y la joven viuda de la que se enamoró, nunca existió y que aquellos que cuentan la leyenda y aseguran haber visto alguna vez a la pareja de trágicos amantes, fueron quienes crearon la historia ante la necesidad de contarle a su propia descendencia alguna historia que no tenga que ver con alguna guerra.
Aquellos que conocen la leyenda pero no a fondo creen que la primera hija del sol no fue adoptada por una pareja de duques, sino que fue criada en el anonimato y al crecer los monarcas del reino dieron con la joven y al considerar el linaje y sangre de la muchacha no solo puro, sino que también bendito la obligaron a desposar a quien en ese entonces era el príncipe heredero, siendo así la familia real quien se quedó la joven hija de un dios y una bruja, solo para en algún momento de la historia poder usar ese dato a favor de la corono y para justificar algunos de sus más absurdos planes.
Pero quienes sabemos la historia en sí, con todo y datos de más íntimos de las cuatro hijas del sol que ha habido, sabemos aquel acontecimiento no se llevó así, la primera princesa en verdad existió, nació el mismo día que lamentablemente su madre falleció y fue entregada ese mismo día a los duques de Alsacia, en el año mil seiscientos treinta y cuatro, siendo así la única hija nacida de eso matrimonio y la heredera de una gran fortuna, fue la princesa heredera y mucho menos se casó con un príncipe, aunque ni mi padre puede estar seguro de aquello, dice que la princesa desposó a un conde que también tenía sangre alemana, quien entregó su título a su tío para que su esposa conservara el de ella y de este matrimonio nacería quien hoy sé se llamaba Theia Roussel.
No sabemos mucho tampoco sobre como fueron los primeros años de ella, pero sí sé mucho de su hija, Eliane, luego de haber leído el diario de su muy enamorado y fiel esposo, y si algo tienen en común, Theia y Eliane, fue que ambas eran vistas como mujeres sencillas, amables, que no creían que eran más que nadie ni nada, devotas a sus familias y a mantener vivo aquello que las hacían especial, cualidades que le hicieron falta a la hija de Eliane, lo cual según las propias palabras de su progenitor a Alba —la última hija del sol antes de yo—, fueron lo que quizás causaron la perdida del don que las hacía especiales, haciendo que por primera vez en tres generaciones, naciera un varón de una hija sol.
Alba Roussel siempre supo que era alguien especial, alguien diferente y en casa nunca dudo en demostrarlo, pero no era buena, sus habilidades de bruja aparecieron siendo ella muy joven y mientras intentaba descubrir como usarlas y controlarlas, se divertían haciendo sufrir a los sirvientes de su casa, su propio padre expresa textualmente en su diario que en una ocasión casi es la responsable por la muerte de alguien.
Pero su ambición, presunción y demás deseos impuros corrompieron sus alma, y fue aún peor cuando a pesar de estar enamorada, prefirió tomar como esposo a alguien con un título nobiliario superior al de ella sabiendo que al final, sería su título, es decir, el que llevaría luego de su madre, por el que serían conocidos y llamados ella, y su esposo.
No es que las otros hijas del sol no hayan cometido errores y sido perfectas, tampoco se sabe si la ambición de Alba fue lo que hicieron que su hijo fuera varón y fuese el único descendiente que tuvo durante toda su vida y así sucesivamente hasta llegar a mi padre.
Y sí la razón por la cual Alba Roussel nunca tuvo hijas mujeres que siguieran con el linaje puro, es decir, su ambición, puede ser la misma razón que le permitió a mi padre reavivar la pureza de nuestra estirpe.
—¿Solange? —me volteo de inmediato cuando escucho esa voz.
—Alteza... —enseguida hago una reverencia—. ¿Necesita algo? —pregunto.
—Solo verla preciosa señorita. —extiende su mano.
—¿Sabe que está en la casa de mis padres y que yo no estoy acompañada por nadie? —cuestiono un poco nerviosa.
—Lo sé, pero eso solo sería un problema si no contara ya con el permiso de su padre para estar aquí junto a usted. —una vez dicho eso, acepto tomar su mano.
—¿Sabe usted de la opinión de mi madre acerca de...? —mi pregunta queda en el aire cuando él me interrumpe.
—¿Sobre mi propuesta? —asiento a pesar de que no sé si él está mirándome o no—. Sí, lo sé, la duquesa parece ser una madre devota y muy apegada a sus hijas, así que no la culpo por no querer dejar ir a la primera de todas. —mi observa y luego me sonríe.
—¿Piensa desistir de su propuesta entonces? —pregunto con un poco de temor.
—¿Renunciaría a algo que desea solo por un pequeño contratiempo? —me responde con otra pregunta.
—No lo haría, pero con eso no está respondiendo mi pregunta. —él se ríe ante mi respuesta.
—Esa forma de ser, de querer escuchar exactamente lo que quiere, es una de las cosas que me hicieron fijarme en usted. —sonrío apenada—. Es la verdad y no, Solange, no voy a desistir de mi propuesta de matrimonio, si yo regreso a Dinamarca será con usted como mi esposa. —sé que es una promesa por la forma en que habla—. ¿Le he dicho que se ve más bonita cuando sonríe? —inevitablemente me río ante lo que su alteza pregunta.
—Gracias por el cumplido, sé que mi madre dará su bendición a nuestro compromiso en cuanto esté segura... —él asiente, se agacha un poco hasta que sus labios rozan el dorso de mi mano izquierda.
—Lo hará. Será una hermosa princesa.
—Espero que el tiempo que me he preparado para el título de mi padre me ayude a hacer bien mi trabajo como princesa. —lo miro y él asiente.
—Por cierto, tengo curiosidad. ¿En la familia de quién hay parientes con ese color de cabello? —me tenso un poco cuando su alteza hace esa pregunta.
—¿Por qué lo pregunta? —él deja de caminar, se gira hacia mi, tomando uno de los mechones suelto de mi cabello entre sus dedos.
—Curiosidad, señorita. Es la única de sus hermanas con ese tono tanta llamativo de cabello, igual que sus ojos. —observa fijamente como si quisiera saber algo a través de mis ojos.
—No quiero ser grosera, pero no me siento cómoda si me observa así. —comento, él sonríe a boca cerrada y se aleja un poco.
—Lo lamento, me disculpo... —hace una reverencia bastante marcada—. Solo me causa curiosidad su extraña, pero exótica belleza. —suspiro y sin querer doy un paso atrás.
—Me hace preguntarme, si Mélodie u otra de mis hermanas fuera físicamente como yo y yo como ellas, ¿en quién se hubiese fijado, su alteza? —él se nota confundido, avanza hacia mí el mismo paso que yo retrocedí.
—Solange, hermosa señorita mía... —lo interrumpo.
—Me temo que no puede decir eso aún. —sonrío un poco sin ganas esta vez.
—Tiene razón, pero he de decirle que aunque estoy cautivado por su belleza, sus hermanas no hubieran sido capaces de llamar mi atención, de cualquier manera la hubiera escogido a usted, incluso entre muchas jóvenes más. —a pesar de que lo dice bastante seguro, no vuelvo a avanzar hacia él.
—De acuerdo. Creo que hemos charlado lo suficiente, su alteza debe tener asuntos que requieran su atención también... —al finalizar lo miro y por la forma en que frunce el ceño sé que no está de acuerdo.
—Bien... —hago una reverencia y camino de regreso adentro de casa, pero antes de que pueda subir las escaleras frente a la puerta, lo escucho hablar otra vez—. ¿Es una de ellas cierto? Usted las traerá de regreso.
—¿Disculpe? —me volteo a verlo.
—¿Es la nueva hija del sol, cierto? —al oírlo preguntar eso siento un leve mareo.