Por otra parte, Ahmet, que sostenía en sus manos los resultados de la prueba de ADN, sintió que el pecho se le apretaba, como si una mano invisible le hubiera estrujado el corazón hasta dejarlo sin aire. El papel crujía ligeramente bajo sus dedos mientras caminaba por el parque cercano a la clínica. Cada paso que daba parecía más pesado que el anterior, desorientado y dolido, mientras su mente revivía las palabras crueles que le había dicho a Esra aquella mañana en que la visitó en prisión: acusaciones frías, juicios apresurados, amenazas para que se mantuviera alejada de su hijo. El recuerdo de su propia voz resonaba en su cabeza, cada frase cortante que había pronunciado ahora se volvía contra él. Ella era su hija desde siempre, desde el momento en que Aysel la trajo al mundo, pero

