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1013 Palabras

La entrada de aquella casa lograba esconder demasiado bien su interior. Una puerta simple, de relucientes llamadores de bronce y cuidada pintura blanca, algunos arbustos pequeños de forma detalladamente diseñada y unos peldaños relucientes eran todo lo que Francisco había visto desde que habían bajado del taxi. Pero entonces la puerta se había abierto y el interior lo había dejado estupefacto. Se sentía en la casa del primer ministro, con muebles robustos, alfombras mullidas y cuadros costosísimos. El personal se movía con distinguidos uniformes, las flores descansaban en arreglos enormes en cada una de las múltiples mesas de cada sala que fue atravesando y finalmente un jardín estaba oculto del ruido de la calle, con una mesa de hierro trabajado y sillas del mismo material con conforta

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