-¿En qué puedo ayudarlos, señores?- dijo MC, con un acento descuidado, como si fuera un granjero que ni siquiera pudiera reconocer a los soldados enemigos. Uno de los hombres habló en alemán y ambos supieron que le pedía a otro que hablara, pero no estaban dispuestos a revelar que entendían el idioma. -Necesitamos agua y provisiones. ¿Viven solos aquí?- preguntó otro de los soldados en un inglés duro, con notas germanas que lo hacía más atemorizante. Helen se ubicó detrás de MC, tenía su brazo enroscado en el de él y se aferraba a las caricias que el inglés le daba a sus dedos, aún entrelazados. -Si, señor, mi esposa y yo no quisimos dejar nuestra casa.- le respondió ocultando el miedo que sentía, no por aquellos hombres, sus armas largas no lo asustaban, menos sus caras de hombres

