CAPITULO 36

2777 Palabras

EROS Me llevo los dedos a la sien, presionando con fuerza, tratando de calmar la migraña que martilla en mi cabeza como si quisiera partirme en dos. Inhalo profundamente, buscando oxígeno, como si cada respiro fuera la única barrera entre la lucidez y el abismo. Todo mi cuerpo duele. Cada músculo está tenso, como si fuera una cuerda a punto de romperse. El hijo de puta de Death casi me mata. Esta es la segunda vez que uno de los Darrend me muele a golpes. No son solo sus puños: es su jodida habilidad de meterse en tu cabeza, revolverte las entrañas, sacarte de quicio con palabras afiladas que se clavan en el momento exacto. Tienen la habilidad de soltarlas en el momento perfecto para jugar con tu mente. Por eso aun se mantienen invictos. Me bajo de la SUV tambaleándome, el mundo gira

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