MASHA Inhalo profundamente, llenando mis pulmones con un aire que se siente pesado, casi sofocante. Lo hago unas cuantas veces más. Exhalo lentamente, intentando calmar el caos que se arremolina en mi interior, pero el vacío en mi pecho solo parece expandirse. La punzada es aguda, brutal, como una daga enterrándose en mi carne, una y otra vez. Me froto el rostro con ambas manos, el calor de la fricción apenas logrando distraerme del dolor que tarde dentro de mí. Siento como el pecho me duele. Una punzada avasalla mi pecho y tengo que respirar profundo para evitar que las lagrimas se me escapen. Trago con fuerza y me remuevo nuevamente en la cama. Llevo la cobija que me cubre hasta mi cabeza. Me hago un ovillo, buscando un refugio inútil en la oscuridad que me rodea. Siento como los ojo

