CAPITULO 32

2287 Palabras

EROS Entré a mi despacho exasperado, como si todo el maldito mundo estuviera conspirando en mi contra. La corbata me asfixiaba, así que la arranqué y la arrojé al sillón junto a la pared. El aire del despacho estaba cargado, pesado, como si las paredes mismas supieran que algo no estaba bien. Me dirigí al escritorio, sintiendo que cada paso era un recordatorio de las traiciones que me rodeaban. Había demasiado trabajo acumulado, demasiados problemas, demasiados enemigos. Cada entrega que había planeado cuidadosamente estaba siendo saboteada. Era como si alguien estuviera jugando un macabro ajedrez conmigo, filtrando información crucial. Me siento frustrado sexualmente. La polla me duele y tengo los huevos azules. Me he querido follar a mi mujer desde que nos subimos al maldito jet, pero

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