MASHA —Tú madre y hermano están al teléfono —mi cuerpo se tensa ante esa frase. La forma en la que Eros me mira me hiela la sangre. Sus ojos ámbar, llenos de rabia, ira y un dolor tan crudo que apenas puedo sostener su mirada, me confirman lo que ya temía: todo se ha ido a la grandísima mierda. Intento no mostrar lo que realmente siento. Mi corazón late con fuerza, mis pensamientos van a mil por hora, pero mi rostro permanece inexpresivo. —Eros... —intento sonar tranquila, pero la realidad es que los nervios me traicionan. Él no responde de inmediato. Me observa con esa mezcla de desprecio y deseo que siempre consigue desarmarme. Sus hombros están tensos, sus puños apretados. Puedo sentir la tormenta que se avecina, y lo peor es que una parte de mí la desea. No soy estúpida. Sabia q

